En la carta topográfica del INEGI se consigna con los nombres de “Nopalera” y Cerro del Centinela, se trata de la montaña más alta de la Sierra de Jimulco y de todas las sierras que componen la fisiografía de la Comarca Lagunera. Su elevación medida en mi altímetro hace ya algunos años, cuando un grupo de emocionados excursionistas realizamos un ascenso, fue de 3100 metros sobre el nivel del mar, aproximadamente 1900 metros más que la altitud de Torreón o Gómez Palacio.

Se dice fácil aunque en realidad es todo un acontecimiento natural lo que tenemos aquí en nuestra región en la única porción rural del municipio de Torreón. Tan sólo dos referencias importantes nos ayudarán a comprender la importancia de dicho acontecimiento: las dos sierras más importantes de nuestro país la Sierra Madre Occidental y la Sierra Madre Oriental, la primera tiene una elevación promedio de 2250 msnm, y en la segunda sólo el 20 % de su superficie se eleva por encima de los 2000 msnm. Esta característica física hace que el picacho sea considerado como una de las “Islas de Cielo” más altas del Desierto Chihuahuense.

El término isla de cielo se emplea para destacar los macizos montañosos de mayor altitud en el Desierto Chihuahuense. En la parte más alta de estos macizos se presentan ecosistemas que no son comunes en el desierto y que además cuentan con una gran biodiversidad. Son sitios aislados en donde pudieran evolucionar las especies existentes, para dar lugar a la creación de nuevas especies o endemismos, especies originales con una distribución limitada a la superficie del picacho.

El ascenso al Picacho es un reto a la condición física de cualquiera, además, sólo se puede subir en las épocas más benignas que el clima de la Comarca nos ofrece, las de transición como el otoño o primavera. Existen guías expertos que viven en las localidades del Cañón de Jimulco, que conocen todas las veredas hechas a través del tiempo por la fauna silvestre y por las personas que antaño subían por temporadas a elaborar el licor más popular del desierto: el sotol.

Estos guías suben previamente a ubicar abrevaderos, ya que el agua como siempre ocurre en las zonas áridas, es el factor que más limita cualquier actividad, de manera que cuando se asciende ya existen sitios de abastecimiento del vital líquido y de refresco. A continuación, expongo lo que escribí en aquel ascenso al Picacho de Jimulco, sin duda una de las experiencias más inolvidables en mí ir y venir por nuestro bello desierto lagunero.
En la región de Jimulco a escasos kilómetros del Cañón del Realito en el poblado del ejido La Flor de Jimulco, ubicado en la parte baja de la falda de la montaña, se inicia el ascenso al picacho. Se caminan entre 7 a 10 kilómetros por esta falda hasta llegar al punto en el que se encuentra la vereda por la que se subirá a la montaña. El recorrido se hace en la madrugada, para evitar el desgaste que provoca la temperatura del clima semiárido del lugar, un matorral lleno de lechuguillas típico del matorral rosetófilo se presenta en este trayecto. Empezamos a subir por la estrecha vereda en donde sólo cabe una persona, se comienza fuerte, la pendiente de 10% de la falda se deja atrás y ahora se camina por pendientes más inclinadas.

[imgsize 421 300×190 class=’contornol’ alt=”]Con el alba, después de un esfuerzo físico extenuante, se llega a un claro que se forma entre el matorral desértico en el cual se aprecia un pequeño pastizal de gramíneas amacolladas, a una altitud de aproximadamente 1900 msnm. Desde este punto hacia el oriente se aprecian dos impresionantes peñascos que forman dos paredes enfrentadas, avisando el inicio del “Cañón del Indio”, llamado así por la imagen de un indio que se forma en una de las laderas de la sierra. Rápidamente se desciende hasta el “Arroyo de Palos” que atraviesa del poniente a oriente el cañón, apenas se llega aquí un viento helado y húmedo que corre en sentido inverso a la pendiente del arroyo, se hace presente. Un bosque ripario de enebro (Juniperus flaccida) bordea las erosionadas riberas, el piso del arrollo es de grava y piedra caliza y a través de éste se continúa el ascenso hasta el primer “paraje” o sitio de descanso.

Una intrincada red de factores ambientales se juntan aquí para determinar a todo lo largo del cañón una impresionante y contrastante riqueza biológica. En escasos tres o cinco metros de ancho del canal se encuentran magníficos agaves gigantes (Agave montana y Agave parrasana) cohabitando con el enebro, escasos centímetros separan a los helechos de origen neotropical que abundan en el bosque de pino encino de la Sierra Madre Occidental de los helechos desérticos que abundan en las lomas áridas de Charcos de Risa en el Valle de Acatita Coahuila, poco a poco a medida que se asciende hace su aparición un árbol brillante y hermoso el madroño (Arbutus sp), y una multitud de señales de la fauna que vive en estos lugares se atraviesan en el camino.

Al medio día llegamos al “puerto” que se forma entre dos laderas de la sierra, una de las cuales corresponde al picacho. En este sitio predomina el pastizal de montaña con especies de los géneros Bouteloua, Muhlenbergia y Aristida, aunque es únicamente una pequeña zona de transición entre la ladera de exposición sureste con predominancia de matorral rosetófilo e Isotal y la ladera con exposición noroeste en la que dominan los bosques de táscate (Juniperus flaccida), de pino piñonero (Pinus cembroides) y de encinos (Quercus spp.). Siempre asociados al matorral desértico que incorpora elementos vegetales como las nopaleras (Opuntia rastrera), biznagas (Ferocactus pilosus y Mammillaria spp) sotol (Dasylirion texanum), magueyes (Agave montana) y palmas (Yucca carnerosana).
A medida que avanza la tarde disminuye la temperatura, durante la noche y madrugada ocurre la condensación de la humedad que el viento del este trae consigo, todo se empapa, ocasionando así las condiciones de humedad que el bosque necesita.
Al amanecer se inicia la segunda parte del ascenso, son aproximadamente 700 m los faltantes, las pendientes empinadas y la vegetación tupida obstaculizan en la parte baja de la ladera el ascenso. Al estrato arbóreo de táscate, pino y encino se une ahora un estrato de encino enano (Quercus sp) de aproximadamente 20 cm de estatura que detiene cada paso. En la parte media de la ladera se aclara un poco la vegetación ya que se presentan poblaciones casi puras de pino piñonero, poco a poco la altura, la pendiente, el suelo erosionado, y el golpeteo de los vientos se van expresando en una menor estatura del pino, de hecho adopta una forma de vida de matorral. En la parte alta, en la cima de la montaña, los magueyes y su inflorescencia los “quiotes” aparecen como vigilantes silenciosos. En este punto el altímetro marca 3100 msnm, todo aparece abajo no hay obstáculos que impidan dominar el panorama hacia cualquiera de los puntos cardinales.