ed93 / Manjar de mierda y palabrotas
Ayotzinapa ha despertado a ese pueblo que llora, caga, mea, sufre, copula, vomita, trabaja, lloriquea, ríe y se enajena todos los días con las telenovelas, ese pueblo como tú, como yo, como todos los mexicanos que se baten a diario para llevar ‘el chivo’ a casa mientras su vida transcurre en una nube donde parecería que no pasa nada en el doliente campo de la melancolía. Ha despertado a una realidad visceral para desmenuzar el panorama que lo aqueja, hasta ver a los malos de la película violenta en un close-up; no es necesario meterse a los vericuetos de la lógica policiaca para descubrirlos; los hechos permiten y facilitan el discernimiento.

De nada sirvió la maldita alternancia con esos dos trúhanes panistas, Vicente Fox (ahora tan calladito) y el alcohólico Felipe Calderón que nos metió en su guerra estúpida de nunca acabar al grado que Peña Nieto y Osorio Chong no encuentran la pipa de la paz. Cómo es posible que desde que aparece el nuevo milenio hayamos caído en este criminal enclave medieval, esta prehistoria política con desembocadura a la corrupción galopante, con los partidos políticos convertidos en clanes de facinerosos; historia inaudita que llena de asco y vergüenza a cualquier mexicano y ahí se encuentra el epicentro de los millones de mentadas de madre que corren por el Internet.

La abundancia cínica está por doquier, invitando al lenguaje escatológico en las marchas, en Facebook… son voces airadas, llenas de coraje y rencor mandando a todos los políticos –sin excepción- a la chingada, a ese lugar donde miles viajan a diario y muchos más ya traen su boleto de ida y sin regreso, por los recíprocos apoyos y pactos inconfesables con el poder ejecutivo y con el crimen organizado. Encarcelamientos, golpizas, secuestros, torturas, asesinatos. Temor y reverencia, sexenio tras sexenio. De nada sirvió la maldita alternancia con esos dos trúhanes panistas, Vicente Fox (ahora tan calladito) y el alcohólico Felipe Calderón que nos metió en su guerra estúpida de nunca acabar al grado que Peña Nieto y Osorio Chong no encuentran la pipa de la paz. Cómo es posible que desde que aparece el nuevo milenio hayamos caído en este criminal enclave medieval, esta prehistoria política con desembocadura a la corrupción galopante, con los partidos políticos convertidos en clanes de facinerosos; historia inaudita que llena de asco y vergüenza a cualquier mexicano y ahí se encuentra el epicentro de los millones de mentadas de madre que corren por el Internet, palabrotas que salen como escupitajos sarcásticos de las bocas de los manifestantes ya cansados de tanta demagogia, de tanta transa, de tanto robo impune.
Somos un país de dos millones de kilómetros cuadrados, 10 mil kilómetros de litorales, tres mil de frontera con el país más industrializado y más de cien millones de habitantes que anhelamos la paz, el orden interno, libertad ciudadana, una política internacional clara, funcionamiento normal de las instituciones y una democracia genuina…un anhelo que no hemos podido conquistar por tanto político corrupto ahíto de riqueza y podredumbre. Definitivamente, lo de Ayotzinapa no tuvo madre, en un Estado de la República Mexicana de los más vilipendiados, con más hambrientos que en cualquier otro estado, cómo decirles a los padres de familias de los muertos y desaparecidos que hay que superar el dolor, un dolor que los mexicanos traemos clavado en la mera columna vertebral desde hace años mientras vemos a los cínicos enriquecerse inexplicablemente del erario público.

La Revolución Mexicana de 1910 fue realizada por hombres que lograron, por la violencia, cambiar la realidad nacional; nuestras manifestaciones se alejan de la violencia, quieren marchar en paz, llamar la atención de los organismos internacionales para forzar al gobierno a enderezar el rumbo, por eso, como en la película ‘La Cucaracha’, con María Félix, cuando uno de sus hombres le dice que ya se le acabaron las balas, ella le dice: “Échale madres que también les duele”. Yo no sé si a las autoridades del gabinete peñista les duela las mentadas de madre que corren por las redes del Internet y que saltan de las bocas de los marchistas, pero lo que sí sé es que los mexicanos que despertaron con el caso de Ayotzinapa están juntando sus miedos, están cada vez más perdiéndoles el respeto a los abusones ladrones traidores de la patria que han hecho posible tanta descomposición.

Ahora quieren prohibir las marchas, supina medida gubernamental. ¿Cómo quieren frenar a una juventud en pleno ascenso intelectual, en pleno proceso de politización? Implementan manejos burocráticos cocinados en el Congreso de la Nación donde debe permear limpiamente el proceso democrático. Diputados acorralados, pactados, destrozando, destazando la Constitución para implementar la partidocracia que les permite repartirse el país a su antojo, como decía mi abuelo: “Han trillado la pastura a su antojo esta bola de bueyes”.

Hoy, vivimos testimonios palpitantes de las bajezas cometidas por los socarrones cacicazgos de la malicia; tanta riqueza acumulada y expuesta abiertamente con el más brutal de los cinismos, hablan del poco respeto que se le tiene a la sociedad. La política con criterio de pandilla impuesta a través del terrorismo, aterrorizando a la ciudadanía con tantos muertos descabezados tirados en las calles. Le faltan orejas al gobierno federal para que escuche el florido lenguaje popular y altisonante y lo asocie con el descontento total y lo traduzca en un ¡Ya Basta! Convertido en un grito de guerra que retumbará por sobre los pueblos y rancherías donde el hambre hace estragos apocalípticos.

Por el momento, el panorama es un manjar de mierda y palabrotas, un manjar por el despertar, por el atreverse a perderle el miedo a los poderosos que siembran el miedo, un manjar cuyos hedores acabaran por teñir de culpa a los que se han aprovechado de la mansedumbre de un pueblo que sólo quiere paz, vivir en paz, que no les asesinen a sus hijos y que haya justicia en los arteros crímenes que cimbraron al mundo entero. Somos un país inmensamente rico en recursos naturales pero ya pertenecen a inversionistas extranjeros, nuestro pueblo es un paria en su propia patria por culpa de los vendepatrias.

Ayotzinapa, abre el camino a la redención, no es sólo lo que dicen los periodistas de Tercer Grado: una anécdota más, una nota periodística. Cuando se les pregunta a los estudiantes, a los jóvenes, si están dispuestos a ayudar, ellos contestan: claro que estamos dispuesto si se trata de defender la riqueza de nuestro país. Marchan con la cara descubierta, repudian a los encapuchados e infiltrados de las fuerzas oscuras, buscan comprensión, justicia… Aunque por el momento abunden las mentadas de madre como puntas de lanza del repudio general.