Cada vez que llamas
siento que ya no me llamo Alfredo
siento llamas en las yemas
y todo se descompone.
Es que cada vez que llamas
no existe nada;
ni los huecos en la tierra,
ni el camino de las hormigas,
ni el vibrar del avión,
no hay nada, sólo tu voz.
Un inmaculado susurro
que duerme en mi oído
me deja inquieto
No puedo repararte, Mujer
Quiero darte calma y no te puedo
Después cuelgas, todo regresa;
regresa la realidad, el suelo, la gente
todo está en su lugar
Me dejo dominar por el vientre
tranquilo y blanco de la luna
y parece que tu voz
permanece en el cielo
sale de las estrellas más altas
del brillo que despiden las Pleyades
y se funde en los rincones más callados
de una ciudad que duerme.