Antes bien, algunos estudios serios proyectan que a más tardar en 2045 el español será el idioma más hablado del mundo. Pareciera una noticia maravillosa y alentadora para al menos los “castellanoamantes”; no obstante, hay un gran inconveniente: el empobrecimiento del idioma, desde la ortografía hasta la sintaxis. Sí. Si vamos a legar algo, no leguemos porquerías.

Tras el chino mandarín, el español —o español castellano o simplemente castellano, sin entrar en mayor detalle o controversia— es la lengua con más hablantes en el mundo, con más de 470 millones de hablantes nativos alrededor del orbe. A esto se debe sumar los otros tantos millones que lo hablan como segunda lengua y con dominio nativo, que lo hablan como tercera lengua y con dominio nativo o que lo hablan pero con una capacidad limitada.
Aparte de España y de Hispanoamérica, también es hablado en el Sahara Occidental (en el extremo occidental del desierto del Sahara, a orillas del Océano Atlántico), en Guinea Ecuatorial (país centroafricano) y en partes de Filipinas.
Como lengua romance, y como casi todos lo saben, el español-castellano proviene del latín vulgar o latín hablado o latín tardío, como se le conoce a los dialectos vernáculos hablados en las provincias del Imperio Romano. La mezcla paulatina entre este latín y las lenguas autóctonas de las zonas donde los romanos habían asentado su dominio, dieron origen a las lenguas románicas. En la Península se erigieron, por tanto, lenguas hermanas, lenguas romances del grupo ibérico: catalán, navarro-aragonés, astur-leonés y gallego-portugués. Éstas, a su vez, y en su caso, dieron paso a las lenguas que hoy se hablan en estas zonas. En el caso del castellano, también se debe parte de su formación, media, a la influencia del árabe —por una invasión musulmana sobre la Península—.
Antes bien, algunos estudios serios proyectan que a más tardar en 2045 el español será el idioma más hablado del mundo. Pareciera una noticia maravillosa y alentadora para al menos los “castellanoamantes”; no obstante, hay un gran inconveniente: el empobrecimiento del idioma, desde la ortografía hasta la sintaxis. Sí. Si vamos a legar algo, no leguemos porquerías.
(No me voy a referir a la invención de vocablos o frases, especialmente por parte de los jóvenes, ya que, desde mi perspectiva, éste es el mal menor. Obviamente sí es un problema, de tipo cuantitativo que se traduce en un problema cualitativo, ya que jergas y similares rezagan a la lexicología formal… No es un problema si se considera un lenguaje paralelo, el cual no suprime al “correcto”.)
Los motivos son muchos, y no pretendo, aquí, exponer un epítome de las causas. Así, lo ortográfico obviamente deriva de la poca o nula lectura, a lo cual se suman las malas técnicas —o nulas también— de instrucción. Lo sintáctico… He aquí el problema. He aquí.
En este punto, además de repetir los mismos culpables del asunto anterior, hay que sumar a las redes sociales, a los medios de comunicación y a las escuelas —y todo lo que las convoca y rige—, juntos y de manera separada.
Hablar de las redes sociales y su culpabilidad en torno a la aniquilación del lenguaje es un tema ya tratado, muy tratado. Ya hay mucho dicho al respecto; y todo es muy acertado. Sólo agregaré que es aquí donde, en realidad, se ponen en práctica los desaciertos heredados por las otras dos instancias. Pues bien, mejor refirámonos al papel de los medios de comunicación y de las escuelas…
Los medios de comunicación son una suerte de diseminador de malas maneras. No sólo de léxico torpe e innecesario, sino, lo más preocupante, de solecismos e idiotismos al por mayor. Son los medios —en adelante “los periodistas”, aunque sin comillas— los que disgregan, y en ocasiones formulan y disgregan, tanta barbaridad que pueda ocurrírsele a un humano… Bien, para ser justos, los “periodistas circunspectos” pueden desafiliarse de esta diatriba, si quieren, si pueden.
Algunos ejemplos: Además de los innumerables e inescrupulosos cambios de voz (generalmente de activa a pasiva refleja, y en algunos casos en sentido contrario), hay muchos errores de concordancia (generalmente de número) y de régimen (ineptitud con las preposiciones); asimismo, vicios varios, diversos, numerosos. Veamos. Algunos autores han llamado “mismismo” a la ocurrencia de mencionar “mismo/a que” cuando corresponde “el/la cual”, además de otras formas erróneas del adjetivo “mismo/a”. ¿Cuántas veces los periodistas caen en este disparate? Un bello ejemplo: Terminó la entrega de constancias, mismas que fueron tramitadas desde el año pasado. Lo correcto sería Terminó la entrega de constancias, las cuales fueron tramitadas desde el año pasado. Más de uno/a se sorprenderá porque censuro esta forma, ya que está convencido/a de que es lo correcto. No. Está equivocado/a. Sucede que ha sido bombardeado/a con esta forma desde que tiene conciencia, al punto de creer que es válida. Lamento desengañarlo/la; y me alegra haberlo hecho.
Ahora el “gerundismo”, ese torpe despropósito de darle un sentido modal (de manera, de modo) a una segunda idea. El personal acudió al lugar encontrando a dos personas en plena riña. Hermoso, ¿no? Lo correcto: El personal acudió al lugar y encontró a dos personas en plena riña, además de otras tantas opciones más ricas.
Y puedo seguir. No obstante, me detendré en uno cuya devastación no aparece, según yo, hasta el momento, en la denuncia en medios, foros u otro tipo de instancia de defensa del lenguaje. Y es una propiedad de la lengua inglesa traspasada al español: el sustantivo adjunto. Sucede básicamente en México; básicamente se ha utilizado en sustantivos relacionados con el narcotráfico: “narco manta” (o “narcomanta”), “narco corrido” (o narcocorrido”)… En inglés acaece en casos como “chicken soup” (sopa de pollo) o “english book” (libro de inglés). Antes bien, es evidente la “practicidad” del inglés en este punto, al menos en comparación a lo que el castellano demanda, es decir, a utilizar preposiciones: manta de/sobre/proveniente de narcos. Seguramente por eso, por la simplicidad del inglés, además de la cercanía con Estados Unidos, es que las personas han adoptado semejante barbaridad. Y de alguna manera, como era de esperar, este sustantivo adjunto (a todas luces un solecismo, un yerro gramatical) se ha ido propagando. Un ejemplo de esta última afirmación: “auto lavado”. “Auto lavado” es, en español, un lugar donde alguien se lava a sí mismo; nada tiene que ver con “lavado de auto”.
Bonito, ¿no? Quien no considere que son muchos los casos, puede buscar. Hay más. Quien no considere que sean tan graves, puede instruirse. Es preocupante.
Y bien, ahora vamos con las escuelas. ¿Dónde están las instancias serias para fomentar la lectura y la escritura? ¿Las hay… instancias serias? En algunos lugares la lectura es, de plano, nula. ¿Los profesores están actualizados, están siquiera preparados? En algunos lugares de América, los encargados de enseñar lectura, redacción, literatura… ni siquiera son especialistas; y si no lo son, ni siquiera hacen un esfuerzo por estar al día (bueno, sí, lo hacen a través de los periodistas [!]). Ser maestro de estas asignaturas implica, en algunos países, ser asignado como comodín; el que sabe leer y escribir (?) enseñará (?). Problema resuelto.
Los profesores no dominan la puntuación. Sólo hablan de “pausas”. Vaya. Desconocen tiempos verbales. Vaya. Si con asuntos como decir que “las palabras con mayúsculas no se tildan” —algo tan fácil de refutar— incurren en el pecado de ir moldeando seres como ellos, ignorantes —además de, en el caso de los educadores, irresponsables—, qué se puede esperar de asuntos más complejos.
Puedo seguir. Pero, después de todo este preámbulo —sí, eso era—, mejor reflexionamos sobre la proliferación del castellano por el mundo. ¿Qué castellano les regalaremos a esos nuevos hablantes? De nada sirve que la Academia Española, con razón o no, regule la lengua si, al final, quienes deben encargarse de enseñarla sólo adiestran alejados de todo juicio. Dialectoides por doquier.
Viéndolo así, no me alegra para nada saber que el castellano será la lengua más hablada. Primero castellano para castellanohablantes; luego para el resto del mundo.