A partir de los años 80s el BANRURAL, ANAGSA, CONASUPO y demás instituciones de apoyo al campo, se vieron envueltas en la turbulencia financiera, lo que obligó a restringir los créditos al campesino de temporal.

La estructura del sistema financiero bancario agropecuario en México de 1976 a 1990 se constituía de la siguiente manera:
Banco Nacional de Crédito Rural (BANRURAL) dependía de la Secretaría de Hacienda y Crédito Público (SHyCP), y su estructura básica de crédito era destinado a los productores pequeños principalmente al ejido (riego y temporal), hasta ahí, el ejidatario obtenía el servicio de crédito con ciertas restricciones, pues el servicio se autorizaba a los ejidos o ejidatarios que eran solventes o cumplidores en el pago del préstamo; otro organismo creado por la SHyCP, era la Aseguradora Nacional Agrícola y Ganadera (ANAGSA), la cual protegía los cultivos por las eventualidades del clima, que al final de los noventa eran insostenible por la corrupción, pues en contubernio con los funcionarios y ejidatarios, hacían pasar la cosecha como “siniestrada”. El otro organismo creado es, a la fecha, el Fideicomiso Instituido en Relación con la Agricultura (FIRA), y la Banca comercial, los cuales dependen del Banco de México (B de M). Los créditos de estos organismos eran destinados a los productores medianos y grandes en áreas de riego y buen temporal (aquí no entran los ejidatarios, sino raras excepciones).

El crédito al sector agropecuario era magnánimo, pues las tasas de interés eran fijas y en términos reales frecuentemente eran negativas, además se otorgaban subsidios para la operación del BANRURAL y del FIRA, los fideicomisos se canalizaron a través de la banca comercial. De esta manera, el sistema financiero agropecuario trataba de moderar la embestida de la crisis financiera mundial, así como el mercado de la producción agropecuaria; la cual ya no se pudo sostener pues el BANRURAL deja de operar a finales de 1990. Y viene la debacle para el sector ejidal, ahora, ¿quién lo sostendrá financieramente? Deja de ser sujeto de crédito, ahora deberá acudir con los agiotistas, con los escasos y precarios programas de subsidios; el gobierno deja sin sustento el desarrollo y crecimiento económico para el campo. A partir de ahora la categoría del campo mexicano, excluye de hecho yoalimentarias trasnacionales, para ellas todo el apoyo crediticio y sustento técnico, conformando diversos clusters (chile, sandía, uva, porcinos, entre otros), en estos organismos por derecho al campesino en pequeño. Ahora el campo mexicano es el sector agropecuario, los grandes y medianos productores incluyendo a las empresas agr nuevos están incluidos funcionarios gubernamentales, quienes aprovechan sin discreción los apoyos oficiales. El PIB y la balanza comercial en la rama agropecuaria, la domina la producción y exportación de este privilegiado sector agropecuario, de la cual se ufana mediáticamente el c. presidente de la República: ¡por ahora el campo mexicano está funcionando, gracias a las reformas estructurales!

A partir de los años 80s el BANRURAL, ANAGSA, CONASUPO y demás instituciones de apoyo al campo, se vieron envueltas en la turbulencia financiera, lo que obligó a restringir los créditos al campesino de temporal. La actividad financiera mundial, empujó al sistema financiero mexicano, a operativizar los créditos a otro tipo de actividad de mayor riesgo, como son las operaciones en el mercado de derivados: Opciones, Futuros, Swaps y combinaciones de éstos de tipo de interés. Este nuevo mercado es adoptado por el sistema financiero nacional en forma obligatoria, es decir, adaptarse a los nuevos términos de competencia financiera. Adoptar los nuevos riesgos conlleva a una variabilidad riesgosa de ganancias y pérdidas; se deja de lado los apoyos crediticios al campesino, la cartera vencida es totalmente impagable, se vienen a nivel nacional fenómenos estratosféricos de la deuda, inflación, crisis de la balanza de pagos, a tal grado que se llevó a contratar créditos externos para hacer frente a los vencimientos de la misma (Eugenia Correa 2001, p. 149)

Con Carlos Salinas de Gortari (1988 – 1999) se inicia la reforma financiera, cuya finalidad es el de desregular el sistema financiero, que apoyaría la recuperación de demanda de crédito y flujos de capital externo hacia la economía mexicana. El FMI, BM y Washington- Consensus, proponen a México la reforma financiera, cuyas condiciones fueron: prohibir el financiamiento del déficit público por el B de M; eliminar créditos dirigidos a determinados sectores (léase sector campesino); desaparecer las actividades del primer piso de la banca de desarrollo (transacción de esta banca con particulares), ésta debía hacerse con base al segundo piso (traspasar los créditos públicos a la banca comercial); venta de los bancos domésticos a los bancos extranjeros; se privatiza los fondos de pensiones bajo la administración de intermediarios financieros extranjeros, entre otras barbaridades en contra de la economía y sistema financiero de México (Roberto Soto Esquivel, 2010, p. 155-156).

Con el avasallamiento de medidas financieras internacionales, México se ve inerme para apalancar la economía. El sector campesino se queda desprotegido; disminuye la producción per cápita de granos, carnes y lácteos; aumenta las importaciones de alimento hasta superar las exportaciones petroleras; se estanca cualitativa y cuantitativamente el parque de tractores y maquinaria agrícola; se viene un deterioro en la infraestructura agrícola en obras de riego, servicio de apoyo a la producción; aumenta la insolvencia de agricultores y campesinos; obvio se viene el problema de la cartera vencida. Después de liberar los mercados financieros, la cartera vencida de 1989 a 1995 se incrementó a 13,326 mdp (Fuente: Banco de México e INEGI, 1984 – 1995).

El BANRURAL habilitó en 1987 más de 7.4 millones de hectáreas y para 1994, descendió a 1.1 millones de has; se iban gradualmente restringiendo los créditos al campo. Los más afectados fueron los campesinos maiceros: en 1987 se habilitó tres millones de has de maíz de temporal; 1994 se apoyó a 140 mil has; en 1995 descendió a 125 mil has (José Luis Calva, 1996 p. 209, 210). El Consejo Nacional Agropecuario (CNA) estimó que por esta causa, el 20 % de la superficie agrícola quedó sin sembrar durante el ciclo primavera verano de 1995; y la superficie sembrada de maíz del ciclo otoño – invierno 95/96 se redujo a 32 % en comparación con 93/94 cuando alcanzó su máxima extensión.

Siguiendo al economista José Luis Calva, la cartera vencida en el sector agropecuario, es consecuencia de cuatro grandes fenómenos: La política macroeconómica que incide en lo relativo a la política de precios de los alimentos; la política crediticia de la banca; los problemas en el manejo administrativo y/o tecnológico del proceso de producción a nivel empresa, y los fenómenos naturales que han destruido parcial o completamente la producción. Se retiran los subsidios indirectos y la reducción de los directos a la producción agropecuaria. Los precios se estancan y se reducen en términos nominales, en forma opuesta, los insumos se incrementan. Un ejemplo: una muestra de los índices de precios del maíz y los insumos para darnos una idea:

Prod. Agrop. 1991 1992 1993 1994 1995
Maíz 100 108 111 113 172
Insumos:
Urea 100 123 123 150 242 Fuente: SAGAR 1994. Boletín
Diesel 100 119 141 158 249 mensual 1995.
Insect. Y plag. 100 116 125 132 245

El modelo económico actual no es viable para apalancar y despuntar al campo. Se requiere en forma urgente y prioritaria cambiar de raíz de modelo, que por ser innovador para nada se acopla a la realidad social y económica del medio rural. Lo más cómodo y rápido para el gobierno es desaparecerlo a través de las dichosas reformas estructurales, una de ellas, La Energética: “dar prioridad a la actividad extractiva, en detrimento a la actividad tradicional del campesino”. Se necesita de inmediato poner un hasta aquí, antes que las trasnacionales y gobierno acaben con los recursos naturales de la nación. Se necesita un ¡despertar campesino y pueblo de México al grito de guerra! Para este artículo se consultó:
José Luis Calva (1996) Liberalización de los mercados financieros. México, Juan Pablos Ed.
Roberto Soto Esquivel (2010) Especulación e innovación financiera. México UNAM, Porrúa
INEGI: Sistemas de Cuentas Nacionales de México 1970, 1975, 1980 y 1985.
Rosario Green (1984) Estado y banca Trasnacional, México, Nueva Imagen
Eugenia Correa (1998) Crisis y desregulación financiera. México, Siglo XXI