Mediante una sucesión de distintas voces, por las vidas de diferentes personas, Taibo nos narra de una forma sencilla y sin pretensión alguna, una sola historia: la de los lectores. Esa con la que todos nosotros, en algún momento de sus páginas, nos vamos a sentir identificados, porque nos pertenece y es tan diversa como los leyentes que hay.
“Sabe que los libros más que ofrecer respuestas, son la gran herramienta que te permite hacer preguntas. Y las preguntas sirven a veces más que las respuestas.”
Entre sus voces se encuentra la de Él, un lector de cuna, con una pasión por la literatura que siempre ha estado en su vida y fue heredada de sus padres. También escuchamos la vida de Ella, Isa, una adolescente de 14 años con problemas de autoestima y sobrepeso cuyos días pasan en la búsqueda de una heroína como sí misma entre las páginas. Finalmente, de los tres personajes continuos, tenemos a Yo, Julián (quien en sí tiene mucha de la historia del propio autor), un adolescente quien está decididamente peleado con los libros, aborreciéndolos por la idea que se le ha inculcado sobre ellos. Y otras historias hay, como aquella que aparece en Efectos colaterales, esa que relata la vida de un poeta en ciernes, o las de Ellos: un adulto con subempleo, un preso de guerra e incluso la vida de un sobreviviente de la segunda guerra mundial.
Sus personajes, tan reales como sencillos, son el conducto ideal para lanzar una poderosa idea: todos somos iguales, porque mientras el amor por los libros arda dentro de nuestros corazones, seremos todos ciudadanos de lo que Benito llamó “La Democrática República de los Lectores”.
Y como si eso no fuera ya suficiente, por medio de una historia basada parcialmente en la vida del autor, muestra también la realidad de la incompetencia del sistema educativo en relación a la enseñanza de la literatura y su errónea manera de acercar a los niños a ella.
“…Entonces yo estaba peleado con los libros. Me parecían instrumentos diabólicos con los que se torturan adolescentes… incluso, y eso me apena muchísimo, la biblioteca de nuestro colegio se usa para castigar a los alumnos. Una especie de calabozo, por llamarlo de alguna manera.”
Este es un libro definitivamente revolucionario. Y no por estar en contra del gobierno o algún partido político, sino porque logra hacer que veas las cosas de otra perspectiva, que salgas de tu zona de confort mental y sobretodo que te deshagas de tus estereotipos. Es, a pesar de su aparente sencillez, un libro que rompe; rompe con las ideas preconcebidas que tenemos de las cosas, de las personas.
“Los libros no pueden cambiar al mundo, pero sin duda, cambian al niño que puede cambiar al mundo.”