En su etapa adulta, Enrique Tudor involucrado activamente en la Guerra de las Dos Rosas logra vencer a Ricardo III en la llamada Batalla Boswoth en 1485; con ello, logra poner fin al conflicto entre ambas ramas de la familia o dinastía Plantagenet y establece el inicio de la Dinastía Tudor.

En la entrega pasada hablamos un poco sobre la salida del Reino Unido, Bexit, de la Unión Europea; sin embargo, en esta ocasión queremos abordar el tema del Reino Unido desde otra óptica, su historia. La creación del denominado Reino Unido de la Gran Bretaña e Irlanda del Norte, así como, de una de las épocas y dinastías más icónicas del reino de Inglaterra del siglo XV, la dinastía Tudor.
El Reino de la Gran Bretaña nace de la unión política entre el Reino de Inglaterra y el Reino de Escocia en los albores del siglo XVIII, específicamente en 1707. Fue un siglo después que el Reino de Irlanda se adhiriera, formando así el Reino Unido de la Gran Bretaña e Irlanda del Norte a partir del siglo XIX, específicamente en el año 1800 a través del Acta de la Unión.
El Reino de Inglaterra nace de la decadencia y caída del Imperio Romano y su consecuente pérdida de poder e influencia en los asentamientos de la Britania Romana en el siglo XVIII. Sin embargo, la historia de la Gran Bretaña se escribiría desde mucho tiempo atrás, principalmente en los siglos XV y XVI durante los cuales gobernaría una casa real o dinastía que sería el referente obligado para describir el poder monárquico absolutista de la Europa de la Baja Edad Media, la Dinastía Tudor.
Esta dinastía tiene su origen con Enrique VII o Enrique Tudor, quien fue hijo de Edmundo Tudor, conde de Richmond quien tiene orígenes reales debido a
su madre, Catalina de Valois quien era la reina consorte del rey Enrique VI de Inglaterra, no así de su padre Owen Tudor, quien era solamente un soldado y cortesano galés.
Así, Enrique Tudor o Enrique VII abandonó Gales para establecerse en Bretaña, donde se educó y creció entre el conflicto entre las Casas de Lancaster y York, antiguas ramas de la Casa de Plantagenet, dinastía dominante entre los siglos XII y XIV; la llamada Guerra de las Dos Rosas. Sin embargo, Enrique Tudor era considerado legitimo sucesor al trono de Inglaterra por la rama Lancaster en el territorio ocupado por la dinastía York.
En su etapa adulta, Enrique Tudor involucrado activamente en la Guerra de las Dos Rosas logra vencer a Ricardo III en la llamada Batalla Boswoth en 1485; con ello, logra poner fin al conflicto entre ambas ramas de la familia o dinastía Plantagenet y establece el inicio de la Dinastía Tudor.
Su hijo, Enrique VIII fue heredero al trono de Inglaterra, quien se casa con la viuda de su hermano, Catalina de Aragón quien tenía fuertes tendencias católicocristianas y tuvo solamente una hija descendiente de Enrique VIII, María. Sin embargo, al enamorarse de una antigua dama de compañía de su esposa, el entonces católico Rey de Inglaterra Enrique VIII empieza a recibir la influencia de la reformista Ana Bolena con quien también solamente tuvo de descendiente a una hija de nombre Isabel.
Pero detengámonos un poco aquí y recapitulemos; Catalina de Aragón, primera esposa de Enrique VIII, fue hija de la reina Isabel I de Castilla y el Rey Fernando de Aragón, quienes tras su matrimonio unifican los reinos de Castilla y Aragón dando lugar al origen de los que hoy conocemos como España.
De hecho, la política de los reyes católicos, Isabel I y Fernando III, fue aislar a Francia; para lo cual comprometieron a Catalina con Arturo, el primogénito del Rey Enrique VII y hermano mayor de Enrique VIII; sin embargo, tras la muerte del primero y en aras de mantener la alianza y aislar a Francia, Catalina terminó casándose con Enrique VIII quien deseaba infinitamente un hijo varón que le diera la seguridad y garantía de la sucesión al trono y el poder.
No siendo así y tras varios intentos, Catalina y Enrique VIII sólo pudieron procrear con viabilidad a una hija que no garantizaba la sucesión; y conjuntamente con el enamoramiento del rey con una de las damas de compañía de su esposa, éste utiliza su poder e influencia con el clero para anular el matrimonio con Catalina, argumentando que entre ésta y su hermano Arturo ya se había consumado el matrimonio, por lo que ambos, Catalina y Enrique VIII estarían viviendo en pecado y por lo tanto su matrimonio sería nulo en primera instancia.
Esta torsión perversa de los mandamientos católicos le da la excusa perfecta a Enrique para divorciarse convenientemente de Catalina y así poder legitimar su matrimonio con su amante, Ana Bolena, con quien se había casado secretamente por el temor de que el Papa Clemente no pudiera hacerlo debido a la guerra con el emperador español primo de su esposa Catalina.
Como ya comentamos anteriormente, la nueva Reina de Inglaterra, Ana Bolena, al contrario de su antecesora Catalina, tenía fuertes tendencias reformistas en tratándose de la cristiandad católica, de hecho, su protestantismo fue uno de los pretextos que utilizó el Rey Enrique VIII para juzgarla y decapitarla; sin embargo, como su antecesora Ana sólo pudo procrear a una hija que tampoco garantizaba la continuidad del trono y el poder de Inglaterra, la razón real de su claustro y muerte.
La reforma protestante inició en Alemania en el siglo XVI por Martín Lutero, teólogo y fraile católico que impulsó la reforma de la iglesia católica para la restauración de las enseñanzas bíblicas originales, combatiendo la corrupción y perversión de los cardenales, obispos y clérigos que junto con la aristocracia y la nobleza abusaban de su posición con la única finalidad de obtener poder y riquezas.
La dinastía de los Tudor, nos muestra una pequeña pero significativa mues-tra de los abusos y excesos del poder monárquico en contubernio con el clero católico que significó la pobreza y sometimiento de millones de personas, así como, la muerte o ejecución de miles de creyentes protestantes.