Cómo explicar la maraña de sensaciones que provoca la lectura de Pedro Páramo. De qué manera se puede descifrar el gozo al ir descubriendo los escenarios —retratados— de cada paraje; donde el bardo, ataviado de narrador omnisciente va entreverando poesía, suspenso y realismo.

No hay peor infierno que amar eternamente a una mujer que enloquece y muere por otro. Ni siquiera acabar hecho un montículo de guijarros a manos del rencor carnal. Ese es el castigo para Pedro Páramo por todas sus faltas. El gran pecador. El cacique, el ignominioso, el azuzador.
En esta historia todo parece estar suspendido en el tiempo. Juan Preciado parte en busca de una ilusión. En el camino se topa con personajes que aparecen y desaparecen en tiempos alternos gracias a su condición de ánimas en pena. Cada uno con una historia a rastras, pecadores todos en busca del purgatorio. Piezas sueltas en apariencia, que se van ligando en una historia inherente donde el elemento perturbador es el reencuentro. Dos memorias, Pedro Páramo y Juan Preciado, Juan Preciado y Pedro Páramo, dos tiempos, dos espacios, voces hechas de hebras humanas, la ambición, el amor, murmullos, pies que raspan el suelo, llanto, sobresaltos, ruidos callados, incesto, sombras, rebeliones y el castigo final.

Desde chiquillo listillo y enamorado. “Pensaba en ti, Susana. En las lomas verdes. Cuando volábamos papalotes en la época del aire…” Y nada más murió el padre, Don Lucas Páramo, se hizo llamar Don, se adueñó de la Media Luna y a conveniencias se casó con Dolores. Juan Preciado descubre finalmente que ha sido la suma de una quimera, que el miedo lo fue matando de a poco, que compartía su tumba con otro cuerpo y que seguro era un muerto más en el camposanto, un espíritu más buscando quien rece por ellos para alcanzar el cielo.

Cómo explicar la maraña de sensaciones que provoca la lectura de Pedro Páramo. De qué manera se puede descifrar el gozo al ir descubriendo los escenarios —retratados— de cada paraje; donde el bardo, ataviado de narrador omnisciente va entreverando poesía, suspenso y realismo. Con la mirada aguda de los románticos, de la gente que aprende a ver a través del dolor, con la sensibilidad y el conocimiento de los elementos que reúne el modelo. Rulfo, en esta obra nos muestra fragmento por fragmento el paisaje cual fotógrafo, el uno de llanuras verdes rodeado de lomeríos y nubes, de cielos alumbrados con “estrellas gordas de tanta noche”. Un Comala hecho de recuerdos desde los ojos de Doloritas; el otro, llano y seco, casi el Infierno.

Para unos es considerada la mejor novela mexicana, para otros, no tanto. Lo cierto, es que esta obra maestra es un ícono de la literatura que cumple con la dualidad precisa como para romper los circuitos cerebrales a los eruditos y las entrañas a los lectores sensuales.
Ensayo de Alma Vitalis sobre la novela Pedro Páramo de Juan Rulfo.