Entre tanta reforma educativa se ha ido perdiendo gradualmente el fin auténtico ha que debe aspirar la educación, para entender, comprender, pensar y sentir por un México, no en un sentido ideal, sino real.

Todos los modelos educativos implementados en el sistema educativo mexicano desde Vasconcelos hasta el recién estrenado “Nuevo Modelo educativo”, tratan la finalidad de la educación, el qué y el cómo formar al mexicano, quien con su perfil de egreso, contribuya al desarrollo social y crecimiento económico del país. Se aplicaron reformas educativas porque no satisfacían, o bien, no era lo adecuado a las nuevas circunstancias y condiciones sociales y económicas que estaba viviendo México en las respectivas épocas, y se debía ajustar a los requerimientos de las nuevas exigencias. Si bien en un principio había que alfabetizar a la población para incorporar al mexicano a la cultura nacional; luego, introducirlo a la técnica para mejorar el sistema productivo de la nación; hoy en la actualidad, la educación está para satisfacer las demandas del mercado global y empresas trasnacionales.

Entre tanta reforma educativa se ha ido perdiendo gradualmente el fin auténtico ha que debe aspirar la educación, para entender, comprender, pensar y sentir por un México, no en un sentido ideal, sino real. Que haya una correspondencia entre el ser mexicano y la realidad social y natural que tiene nuestro país. Para lograr esa correspondencia primeramente debemos integrar el sentir y el pensar de lo mexicano, en relación con la diversidad de los recursos naturales que cada región tiene, así como la diversidad cultural que antecede a lo que hoy se tiene en existencia. Y yéndonos más allá, a la apertura de otras culturas ajenas a nuestra idiosincrasia. Estar abiertos a nosotros mismos, para saber que somos nosotros, que tenemos atributos, cualidades y capacidades consigo mismos, para aplicarlos en nuestra acción para crecer como personas, profesionalmente y espiritualmente.

No tenemos que buscar y rebuscar la identidad de naciones desarrolladas para imitarlos, ni que nos impongan el perfil idóneo de esas civilizaciones a la nuestra. Tenemos identidad de lo mexicano, pues aquí hay que autoanalizarnos para encontrar el ser mexicano, con la práctica de nuestro accionar, hacer lo que debemos hacer sin condiciones, para luego desarrollar socialmente y crecer económicamente a la nación. En resumen, es encontrar el ser, para hacer y luego tener. Esto, en las reformas educativas lo han tergiversado. No han encontrado el centro medular para formar al mexicano. Si aplicamos la lógica común y corriente que el campesino ejercita, primero debemos conocernos a nosotros mismos (habilidades, capacidades), para luego aplicarlo en las labores agrícolas, y con base en ello, obtener buenos rendimientos; y comprender la máxima: “Cosecho lo que siembro”.

En la maraña de todas y cada una de las reformas se ha confundido a los actores principales del acto educativo, maestros, alumnos y padres de familia, haciendo copartícipes de esa confusión a toda la sociedad mexicana; por supuesto, quien contribuye para acentuar el desconcierto, son los medios de difusión, radio, prensa y televisión, la religión y el mismo sistema educativo. Los sustentos de esa reforma provienen de las corrientes filosóficas y educativas de moda de los países desarrollados, por otro lado, choca esa concepción con la realidad contextual; en esto último, no se especifican las necesidades y problemas reales de nuestro país. Y todo se centra en el despliegue de la razón para alcanzar el conocimiento. Se dice que hay que “desarrollar una sociedad del conocimiento”, como si en esto radicara la solución de los problemas que aquejan a la sociedad mexicana.

Se soslaya en forma tendenciosa, qué es lo que realmente se tiene que formar, qué queremos del mexicano, y ante el embate del contenido de los diversos currículums del sistema educativo mexicano, los cuales no se articulan en los diversos niveles, ni se toman en cuenta los problemas y necesidades colaterales que inciden en la educación, ya que éstos no hay que tocarlos, so pena de revelar las deficiencias e ineficiencias de nuestras autoridades, se manifiestan entre otras cosas, la obsoleta infraestructura escolar; amañada vigilancia y supervisión del acto educativo (hacer como que se hace); manipular a un sindicato para que acepte la imposición de la reforma educativa y laboral, afectando sobremanera los derechos y conquistas del gremio magisterial, capacitación y superación fuera de la realidad del quehacer docente; esto al interior del sistema, porque por fuera, hay otra amenaza mucho más peligrosa.

Esa amenaza se divide en dos: a nivel nacional y a nivel internacional. Esas amenazas rodean en forma contundentea la educación: escasa y precaria fuente de empleo que deriva en pobreza y extrema pobreza (más del 50 % de la población); despojo y desplazamiento de comunidades campesinas e indígenas, por causa de la inseguridad pública y asentamiento industrial – extractiva; creación de un nuevo modelo educativo que no es más que lo mismo, puesto que sus fines y principios son meras abstracciones que no se pueden materializar por ser pura demagogia. Los perfiles de egreso de cada uno de los niveles, no se ajustan a las necesidades y exigencias del mercado con requerimientos sofisticados de ejecución de las nuevas industrias, (para eso está el nuevo modelo educativo); la deuda nacional que desborda más del 100 % del PIB (¿cómo incidirá esto en la infraestructura educativa?).

En lo internacional, la avalancha de empresas trasnacionales que requieren mano de obra automatizada y domesticada, (para eso está el nuevo modelo educativo y reforma laboral); contaminación fatal del medio ambiente; agotamiento de los mantos acuíferos (cerveceras e industria extractiva), con la complaciente complicidad del gobierno en turno; acuerdos internacionales absurdos que favorecen a los países desarrollados en detrimento de nuestro país; los artificios tecnológicos que distraen tendenciosamente a la población, sobre todo a los niños y jóvenes, para que se alejen totalmente de la autoconciencia y tener una población indiferente a los problemas reales que aquejan a su familia, a la comunidad, y sobre todo, a lo más importante de su ser. Seres mexicanos enajenados, fáciles de manipular por la clase dominante (imposición del nuevo modelo educativo).

La actualidad se nos presenta como que el ser mexicano debe dominar la esencia del mundo tecnológico, porque tiene más peso la máquina sofisticada para la extracción de los elementos materiales que existen en el subsuelo; más peso la información y automatización para estar acorde a la era súper moderna que nos está imponiendo el neocapitalismo. Se necesita, pues, el dominio de la esencia de la técnica moderna: para funcionar mejor en esta era; perfeccionar las competencias técnicas para asegurar el empleo mejor remunerado; alcanzar el perfil de la automatización para competir con el trabajador de los países desarrollados; que quede claro, que la jerarquización de puestos bien delimitados va en función de una burocracia no compleja, en la que no se pierda quién es quién, en el esquema organizacional de las nuevas empresas, empezando por la organización de la escuela – empresa; la información digital debe simplificar y fragmentar las labores de tal manera, que desde su domicilio, el empleado envíe su tarea específica al corpus técnico del negocio.

El nuevo modelo educativo va enderezado a perfeccionar la planificación y la calculabilidad del ser emprendedor; el ser emprendedor es la nueva tendencia de este modelo, copiar modelos extranjeros sobre la educación dual, como en Alemania, estar un tiempo en la escuela y otro en la industria, para que vaya de la mano el currículum teórico – práctico y que egrese un perfil idóneo para el trabajo industrial; es la reproducción del modelo industrial que concibe individuos absolutamente iguales, como autómatas, que desde la revolución industrial se le proporciona al trabajador, las tareas en serie, sin necesidad de emplear el pensamiento crítico de su estar y devenir en el mundo tecnológico. Ante esta epistemología tecnológica, no se puede fomentar la voluntad de poder (Nietszche), para querer ser más, querer saber ser, querer saber hacer, y con ello, le cortan el entusiasmo, le hacen perder el sentido de su existencia, le hacen perder lo que es ser mexicano. Continuará, ¡nos vemos en el próximo artículo!

Para elaborar este artículo se consultó:
Martín Heidegger (2008) Identidad y diferencia. España. Anthropos.
Edith J. Cisneros Y otros (2012) Evaluación de competencias docentes en la educación superior. México. Juan Pablos.
Eduardo Nicol (2001) Los principios de la ciencia. México. FCE
Ángel Díaz Barriga (1988) Ensayos sobre la problemática curricular. México. Trillas