El ser y pensar mexicano tiene que brotar de lo autóctono; para ello tendríamos que regresarnos en el tiempo, desde antes del descubrimiento de América. Ese ser y pensar mexicano no tuvo imitaciones fue profundamente original, se originó en las entrañas del alma, en interacción con el entorno geográfico y natural: los ritos religiosos nacen desde dentro de su ser y conciben deidades supremas: dios del Sol, de la Luna, la agricultura, la lluvia, el venado, entre otras.

En el ser mexicano hay que pensar no lo que nos ha hecho pensar la historia de los vencedores; se nos dice: si no pones atención a la historia, vas a caer en los mismos errores (¿la de los vencidos?). ¡Mentira y más mentiras!; necesitamos retroceder en nuestro pensar hacia atrás, antes de que occidente (los españoles) llegara con sus patrañas de su pensar ideológico y tecnológico, dizque para incorporarnos a su cultura, a su religión, la lengua, entre otras cosas. Requerimos que el ser y el pensar de lo mexicano se integren para conformar, ahora sí, una auténtica identidad mexicana. Pero, cómo hacerle para pensar fuera de lo que hasta ahora nos ha impuesto occidente. Tenemos una costra muy gruesa para quitárnosla de encima, y eso, es un obstáculo muy alto para saltarlo.
En esto precisamente consiste el pensar y el ser de lo mexicano, pensar rigurosamente para empujar toda esa nata contaminada que nos puso un velo grueso en nuestro ente mexicano, y nos ha hecho lo que en la actualidad somos: un mexicano aguantador, fácil de ser manipulable (sobre toda la población pobre), porque la misma pobreza te induce a aceptar, sin excepción lo que el poder te regala, y te hace vivir en la comodidad (aquí no pasa nada), los alborotadores son los que te quieren quitar lo mexicano, no les hagas caso y sigue con nosotros soportando todo lo que el poder político y económico te dicta. Este poder maligno que nos llegó de occidente es el que nos ha impuesto desde la conquista, la colonia, hasta la actualidad que vivimos.
Cinco siglos aproximadamente tenemos de ser y pensar lo que nos han impuesto, de ser y pensar lo que somos, que nos han hecho olvidar a través de la historia de los vencedores. Que este ser y pensar de lo mexicano auténtico rompa el paradigma infectado, y establecer un nuevo paradigma que realmente ponga las cosas en su lugar. Necesitamos estar conscientes de que vamos a incomodarnos en nuestro pensar y en nuestro estar, en nuestro confort, cuya consecuencia viene un desequilibrio social y económico, porque el poder no tan fácil se va a desprender de lo posesionado y posición que actualmente tiene, gracias a nuestro ser y pensar falso de lo mexicano que somos. El retroceder implica precisamente despabilarnos de ese dormitar somnoliento que cada mañana nos despierta, con la precariedad de lo cotidiano y el estar pensando, ¿y ahora, con qué voy a comer?
Otro derrotero que nos han impuesto con su dizque nuevo modelo educativo, es que la esperanza está en el progreso, en lo tecnológico, pues sin ello no podremos vivir; nos han hecho pensar igual que en la empresa, la corriente futura de beneficios, dividendos, renta y valores activos es lo que refleja la cotizaciones de las acciones. El tener y más tener, antes que ser y saber hacer. El signo de pesos nos lo ponen en la frente en cada currículum del acto educativo: emprender, ser buen emprendedor y tienes garantizado la prosperidad futura de tu vida. Ser competente y avasallar a tu prójimo, a la comunidad, a la naturaleza, es lo principal, es el lema subyacente del ser de lo técnico, estar a la altura de las grandes naciones desarrolladas, en detrimento de los principios y valores fundamentales que nos caracterizó del ser y pensar de lo mexicano.
En este cuadro de ética que nos metió occidente nos hemos desarrollado y comportado nuestra manera de ser, nos han inducido a vincular en forma falsa esa ética, nos han compenetrado con el pensar de ellos, de tal forma, que todo el ser mexicano que traemos en la interioridad, aquello del ser y pensar antes de la conquista, ese ser sincero, humilde que caracteriza a las etnias indígenas, se toma como un ser tonto, un ser que no va a prosperar, tenemos que comportarnos como lo dicta el sistema, avasallar y actuar supuestamente en forma normalizada, de otra manera, eso es anormal. Hacer como que se hace, adular al jefe para alcanzar los peldaños del éxito. La experiencia te manda un mensaje de cómo comportarnos ante circunstancias similares a lo acontecido.
Lo impuesto por la conquista hasta nuestros días, tiene que deconstruirse de raíz. No podemos, ni debemos proseguir con toda esta alienación cultural y tecnológica que el neocapitalismo en complicidad de los gobiernos en turno, nos están imponiendo. Aclaro, es obvio que no vamos a destruir todo lo creado cultural y tecnológicamente, sino darle un nuevo enfoque social y solidario como lo tenía antes el ser mexicano. El ser y pensar mexicano tiene que brotar de lo autóctono; para ello tendríamos que regresarnos en el tiempo, desde antes del descubrimiento de América. Ese ser y pensar mexicano no tuvo imitaciones fue profundamente original, se originó en las entrañas del alma, en interacción con el entorno geográfico y natural: los ritos religiosos nacen desde dentro de su ser y conciben deidades supremas: dios del Sol, de la Luna, la agricultura, la lluvia, el venado, entre otras. Es el a priori religioso, ético, estético y lógico matemático, que se manifiesta en cómo ser fundamentalmente, después, cómo hacer las cosas tangibles e intangibles, en combinación con la experiencia.
Así florecen los centros ceremoniales grandiosos: Teotihuacán, Palenque, Chichén – itzá, Monte Albán, Mitla, La Quemada, Chalchihuites, La Venta, entre otros. Se construye a través del cálculo matemático y astronómico, el calendario azteca; los observatorios astronómicos para observar el movimiento de los astros, cuyo conocimiento el sacerdote los aplicaría en la previsión de las sequías, inundaciones, eclipses, y lo más importante, en establecer los ciclos productivos de los cultivos, maíz, frijol chile, calabacitas; la creación de la hidroponía, tipo Xochimilco (las chinampas); se domestican los animales nativos para su gastronomía peculiar; se construyen terraplenes para obras de infraestructura en asentamientos humanos e irrigación. La ética permeaba en la familia, los ancianos se protegían y se consideraban por su sabiduría (consejo de ancianos), quienes a través de la palabra formaban a los jóvenes de cómo comportarse en el noviazgo; cómo comportarse socialmente, con respeto, responsabilidad y honestidad. El no mentir era una característica sublime en la población, la cual todavía en pleno siglo XXI en algunas regiones del medio rural se practica.
A diferencia del ser español, cuyo respaldo cultural y guerrero provenía de los arrianos, visigodos, griegos, egipcios, romanos, judíos y moros, una mezcolanza de genes y culturas a través de las épocas que tuvo la península ibérica, y que le dio de una característica de ideas dominantes para enriquecerse con el oro y la plata que subyacían en las entrañas del subsuelo mexicano. Dominar a sangre y fuego el ser mexicano, apoyados en forma subliminal con las ideas religiosas del catolicismo. Se iniciaba así, la corrupción de un ser autóctono por seres occidentales que saquean y se llevan sus tesoros, se adueñan a la fuerza de sus tierras que trabajan en forma colectiva, y ahora se trabajará en forma ambiciosa para un encomendero que los esclaviza, se implantan nuevas costumbres, cambian sus deidades por un solo Dios verdadero, que según los frailes, observa profundamente la conversión de los naturales, para el bienestar espiritual y vivir en paz de acuerdo a sus preceptos.
Se somete el ser mexicano a través de medios supremos: el caballo que parece formar un solo cuerpo con jinete, que le da rapidez y agilidad para avasallarlo, la espada y puntas de acero, el arcabuz que mata a distancia y suenan en forma estruendosa; a pesar de todo eso, el indígena no se amedrentó, tiene en su interior una fuerza indómita, con un empuje bélico y odio inaudito, pues siente con dolor, cómo su dignidad es herida, sus tradiciones derrumbadas sin miramiento; no soporta la mentira y la hipocrecía del comportamiento del ser español, civiles y religiosos, pues por un lado los trataba en forma criminal, y por el otro en forma bondadosa lo calmaba. La fuerza espiritual ancestral, unificó la conciencia indígena de las diferentes etnias existentes, la cual logró una alianza para enfrentar al extranjero y formar una resistencia, organizando a los mejores guerreros flecheros, la unión de auténticos líderes como Tenamaxli en el norte, a Netzahualcóyotl en el centro, defienden con honor y valentía lo que es suyo, territorio, población y naturaleza.
El ser español observaba y sentía que se estaba enfrentando a un ser mexicano que no tan fácilmente iba a ser sometido, pues tras varios intentos para atacar el cerro del Mixtón en el norte (Zacatecas específicamente), logran someterlos, por culpa de algunos indígenas traidores que los cooptan a través de dádivas y el miedo, le facilitan el triunfo al conquistador. Habría que retrotraer en el tiempo, los rasgos esenciales que caracterizan el ser mexicano: la valentía, la ética, la intelectualidad, el espíritu colectivo y solidario, la seriedad, entre otros valores genuinos, para enfrentar la problemática y necesidades actuales, y reiniciar nuestra propia cultura y rechazar en forma violenta la cultura del acumulamiento, del poder avasallador que nos han inculcado a través de las reformas educativas y culturales dominantes. Continuará.
Para este artículo se consultó: Sergio Candelas Villalba (1997) Mitchimalli. México, Fornos.
Martín Heidegger (2006) Introducción a la fenomenología de la religión. México, FCE.
Martín Heidegger (1997) Identidad y diferencia. España, Anthropos.