Economía campesina colapsada 1 DE 2

Economía campesina colapsada 1 DE 2

El campesino fue aprendiendo en forma empírica ante las circunstancias de la gestión en forma burda, deficiencia que aprovechó abusivamente los funcionarios del banco ejidal y otras dependencias afines; no se tenían conocimientos administrativos y contables, pues unos muy apenas terminaban tercero de primaria; la programación del ciclo productivo lo manejaba el banco, así como la cosecha y la comercialización, al final se le proporcionaba las ganancias o alcances.

Hablar de la economía campesina, es vasta y compleja, pues implica tratar el desarrollo y crecimiento económico de ese sector. En el crecimiento impactan factores como tecnología tradicional con tecnología modernizante; Producto Interno Bruto Agropecuario; políticas públicas al campo; financiamiento agropecuario; comercialización interna y externa; organización campesina y no menos importante, la investigación científica agropecuaria, entre otros. En el desarrollo, se tendría que coincidir la distribución de la Renta agropecuaria, con las condiciones sociales y económicas de la población rural para alcanzar el bienestar, que no es nada más, que la condición deseable para los habitantes de ese sector.
A partir de la promulgación de la Constitución de 1917, en el famoso Artículo 27 argumentado por los grandes y sesudos diputados de esa época (no como los actuales), se sentaron las bases para impulsar al ejido, cosa que no sucedió hasta 1936 con Lázaro Cárdenas, es decir, casi veinte años después ya que Álvaro Obregón y Calles, descalificaron a esa institución como un atraso, y se pensaba mejor en la pequeña propiedad para impulsar el crecimiento en el campo, inclinándose el presupuesto a ese tipo de productores. A raíz de esa racionalidad capitalista, se vislumbraba los nubarrones que le esperaban al ejido, pues esos gobernantes eran parte de la élite agropecuaria.
El desarrollo rural se vio impactado por varios modelos de desarrollo y crecimiento: la revolución verde; desarrollo de la comunidad; desarrollo integral y desarrollo sustentable, entre otros. Pero todos inoculados con bases y principios teóricos por el liberalismo económico y lo más reciente por el neoliberalismo; que al final de cuentas lleva implícito los objetivos de la avalancha del capitalismo salvaje y cruel: la concentración de la riqueza en unos cuantos, en detrimento de la totalidad de la población. Que nada más pasaba en el discurso como escaparate para formular y operar políticas públicas, dizque para mejorar las condiciones económicas del campo.
La tecnificación del campo fue una de las metas de la revolución verde, elevar la producción y la productividad, mecanizando la agricultura, uso indiscriminado de insumos agroquímicos tóxicos, asistencia técnica con el extensionismo, que al final de cuentas, chocó con los usos y costumbres tradicionales de los pueblos indígenas y campesinos, y con sobrada razón, pues la pretensión de aplicar la técnica en contextos tradicionales no se ajustaba a la realidad a transformar; caciques, líderes naturales, habitantes locales y extensionistas, cultivos tradicionales con cultivos innovadores propios para la exportación; se confrontaban interese internos con los externos; y al último desapareció la figura del extensionista.
El financiamiento al campo otro rubro lleno de contradicciones, corrupción y distorsión en el acceso al recurso, y por consiguiente, la desviación de éste a los productores solventes y que podían implantar cultivos industriales destinados a la exportación, en detrimento de la producción de los cultivos tradicionales para la subsistencia de la población rural. Las instituciones bancarias en apoyo al campo se empezaron a retirar del escenario crediticio, desde el banco nacional de crédito ejidal, banco agrario, banco agropecuario y Banrural, entre otros, han pasado a la historia con buenos montos de cartera vencida, que queda claro, no por los ejidatarios, sino por la corrupción y la escasez de préstamos, que impactaron negativamente en la producción campesina.
La mecanización del campo también ha estado muy raquítico al respecto. Se consiguió un impulso en los años cincuenta y sesenta del siglo pasado, incrementándose el parque de maquinaria agrícola, al establecer el programa de la revolución verde, para elevar la productividad y optimizar las labores de cultivo, ahorrándose mano de obra campesina y se disminuyó la tracción física animal. Aun así, dicha mecanización en la época actual, manifiesta una competitividad desfavorable, en relación a los países que sostiene relaciones comerciales, ejemplo: Entre 2008 y 2012, E.U. tenía 18.3 veces más que México, y Canadá tres veces más que nuestro país (datos del Banco Mundial 2013). Y aun así se firmó el TLCAN.
La organización campesina ha sido deficiente desde sus inicios, pues desafortunadamente la reforma agraria de Cárdenas, no previno la educación, capacitación para organizarse; únicamente se forma una figura oficial llamada ejido para explotar la tierra en forma colectiva. El campesino fue aprendiendo en forma empírica ante las circunstancias de la gestión en forma burda, deficiencia que aprovechó abusivamente los funcionarios del banco ejidal y otras dependencias afines; no se tenían conocimientos administrativos y contables, pues unos muy apenas terminaban tercero de primaria; la programación del ciclo productivo lo manejaba el banco, así como la cosecha y la comercialización, al final se le proporcionaba las ganancias o alcances.
En la actualidad para que el campesino pueda accesar a los recursos, debe organizarse en asociaciones de carácter mercantil empresarial, y eso solamente que esté afiliado a una organización campesina, ya sea dependiente del gobierno como la CNC, o independiente como el Barzón, UNORCA, El campo Primero, entre otras, éstas últimas tienen que hacer una gestión exhaustiva, agotadora para que puedan ser beneficiarios; y muchas veces son los líderes los que aprovechan los recursos. Los campesinos que no están en ninguna organización, ni se han organizado en asociaciones empresariales, es la gran masa marginada, no recibe ningún apoyo gubernamental, más que Prospera o 70 y más. Si acaso reciben una bicoca esporádica de algún presidente municipal, que esté próximo a ser candidato a un puesto de elección popular.
México tiene 23.8 millones de has de superficie cultivable; de éstas, 18 millones (el 75.63 %) corresponden a tierras de temporal, y 5 millones (21%) de irrigación. De las de temporal, 3.6 millones de has tienen suelos profundos y son excelentes para cultivos básicos; 2.6 millones de has de tierras marginales que se utilizan para cultivos anuales, son áridas y semiáridas ubicadas en la región norte del país (Nadal, 2001). Por lo que el riesgo del siniestro es alto, debido a la mala calidad de la tierra, por un lado, por el otro, están sujetas a la sequía. Aquí es importante enfocar la investigación científica y tecnológica, puesto que allí están asentadas miles de familias indígenas y campesinas.
La investigación científica juega un papel muy importante; los rubros de la investigación deben enfocarse a la mejora y protección de los suelos, con técnicas de conservación de suelos, aplicación de la metodología para la cosecha de agua; mejorar la técnica de los cultivos tradicionales, ya sea de la alimentación como de hierbas medicinales. Combinar la investigación con los usos y costumbres de las etnias, es decir cultivos propios a la agroclimatología del ecosistema del área. Pero, ¿qué pasa? La investigación es precaria, pues esta tarea se orienta mejor al sector productor solvente, que invertirle a un área improductiva. En el renglón del personal dedicado a la investigación y desarrollo experimental, en el periodo 1991 – 1993, México tenía 14,000 personas, Canadá 65,000 y E.U. 460,000, y vuelvo a repetir, así se firmó el TLC.
La incorporación del progreso técnico en la producción agrícola, es uno de los factores fundamentales para elevar la productividad, por lo que la inversión en la investigación científica y tecnológica debe ser mayor, pero resulta que en el periodo 1991 – 1993, México su gasto en investigación era alrededor de 1,626 millones de dólares; mientras que Canadá le destinaba 6,400 mdd; y E:U. 123,400 mdd (Fuente: Indicadores de actividades científicas y tecnológicas 1995 CONCYT – SEP). Con estos indicadores comparativos y competitivos se firma el TLCAN. En la actualidad este tratado está en proceso de modificarse, para bien o para mal, quién sabe. De cualquier forma las partes participantes en el renglón agropecuario seguirán los grandes productores, no el minifundista, no el campesino temporalero. Por lo que: “Y sigue la yunta andando”.
Para este artículo se consultó:
Alejandro Nadal (2001) Lineamientos de una estrategia alternativa de desarrollo para el sector agrícola.
CONACYT – SEP (1995) Indicadores de actividades científicas tecnológicas.
Banco Mundial (2013) Datos.

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