El león con demencia II

El león con demencia II

El esposo de Socorro, la mayor, no es de mi agrado, en lo más mínimo, mucho menos uno de sus hijos, sin embargo no les deseo un mal, a final de cuentas siguen siendo parte de la familia y no voy a poder cambiarlo, aunque eso no quiere decir que me los meta en el alma, pues ya me dan igual.

Mi abuela falleció un año después, se preguntaran, si no es la protagonista, porque explica su vida, pues porque mi vida y la de mi abuelo se compenetran, es para que usted mi lector entienda cómo han pasado las cosas.
Al fallecer mi abuelita, le dejo a mi abuelo una jugosa pensión y mis tíos decidieron que lo mejor era que la hermana mayor se hiciera cargo de él, ella acepto, pues tenía tiempo y sus hijos ya están grandes y con hijos, y pues así fue mi Tata (Abuelo) se fue a vivir con ella.
A decir verdad no me da mucha confianza por los sucesos pasados,
mi madre y ella no tenían una relación excepcional de hermanas, recuerdo que siempre discutían, sólo una vez en mi vida las vi abrazarse, las cosas les fueron difíciles, siempre separadas, pero el hecho de estar separadas no quiere decir que realmente no se quisieran, si no que las situaciones no estaban a su favor. Y pues, sangre es sangre, querer es querer y un hermano siempre es un hermano.
El esposo de Socorro, la mayor,
no es de mi agrado, en lo más mínimo, mucho menos uno de sus hijos, sin embargo no les deseo un mal, a final de cuentas siguen siendo parte de la familia y no voy a poder cambiarlo, aunque eso no quiere decir que me los meta en el alma, pues ya me dan igual.
Admito que dejé de ver a mi abuelo un tiempo, hice a un lado a mi figura paterna y me enfrasque en mi mundo, dejé a quien me dio su amor, a aquel que me consentía, ese viejo gruñón que se dejaba peinar por mi cuando era pequeña, ese que me traía pan de dulce de la tienda, ese que me dio el sobre nombre de “Tiril”, no pensaba poner un pie en la casa de Socorro, esa mujer de cabello chino largo y ojos verde, verde gargajo decía mi abuelo, ahora ven a lo que me refería con su peculiar humor, pues a pesar de que es su hija, no se le escapó, así estuve durante un tiempo, no iba a dar mi brazo a torcer, pero María hablo conmigo.
María es la esposa de mi tío, de singular personalidad, dientes peque-ños, chaparra, color claro y un cuerpo de manzanita, la que ahora veo como ?gura materna, obviamente no es el remplazo de mi madre, nadie lo será, pero le he tomado tanto cariño que ahora lo parece.
-Susy, ¿no piensas volver a ver a tu abuelo?- preguntó en un tono un poco duro pero amable- No María, lo veré cuando mi Papá vaya por él y le lleve a pasear- Contesté. Y al referirme a “papá” lo dije por mi tío que así le digo-Estas mal milagros, tu abuelo ya está viejo y en cualquier momento puede fallecer, aparte tu papá no siempre lo podrá sacar, he hablado con Socorro y dice que tu abuelo pregunta por ti, que su estado de salud ha empeorado ella no se anima a decírtelo, pues cree que dirás que es un chantaje o algo así, ya deja el rencor atrás, tarde o temprano todos pagamos lo que hacemos en esta vida, no creo que quieras quedarte con un mal sabor de boca, al dejar que tu orgullo venciera y no volvieras a ver a tu abuelo, no tiene nada segurodijo firmemente-¡DIOS!
a esta mujer quien le dio el “don” de la palabra, lo que dice es verdad- pensé mientras asentía con la cabeza-¿Qué tiene? -cuestioné- Últimamente le da mucha “guerra” se desnuda, se hace del baño encima, no quiere comer, pregunta mucho por tu abuela, por ti etc.-respondió con pesar en su voz –en ese instante sentí una opresión en mi pecho- está bien, iré a verlo este ?n de semana-conteste-ok, le avisaré a tu padre- diciendo esto se fue y me dejó con muchas cosas en mi cabeza.
Esa semana no fue lo mismo, esperaba y no el día, pues quería a mi abuelo y lo quería ver bien, tal y como lo recordaba, no como ellos lo describían, a parte tenía la batalla con mi orgullo, que ?nalmente vencí y lo hice gracias a que las palabras de María resonaban en mi cabeza.Finalmente se llegó el día esperado, me aliste y nos fuimos a ver a mi Tata, cuando puse un pie en esa casa quise salir corriendo, quise botar todo, en ese instante María me vio como si supiera que estaba a punto de correr, sólo suspire y entre a la casa, fue difícil, salude sin muchos ánimos y enseguida pregunté por mi abuelo. Me pasaron hasta donde estaba, la cara de Socorro era de sentimientos encontrados, en ese momento pensé que mi madre se revolcaría en su tumba, pero después concluí que no, porque no iba con ella, si no con su viejo.
Al entrar en la habitación de mi Tata, lo que vi me conmociono muchísimo, sentí que se me revolvían los intestinos, sólo pude abrir los ojos y tragar seco, lo vi flaco, con la piel grisácea, todo encorvado en su sillón, y con un parche en la cabeza, por encima del ojo y con raspones por su cuerpo, el brillo que tenía en sus ojos claros ya no estaba, mi abuelo se estaba perdiendo, se estaba secando y yo con mi maldito orgullo, realmente me arrepentí por no ir a verle antes, sólo pude preguntar abruptamente- Socorro, ¿Qué le pasó? ¿por qué tiene ese parche y esas raspaduras en la piel?-solté sin piedad y viéndole feo- Se calló hace 2 días y se pegó con una mesa, cuando regresé del trabajo estaba así respondió- ¿Qué no se queda alguien con él?- interrogué nuevamente, no estaba para nada convencida, pues sé que mi abuelo colma la paciencia, pero no quise ser tan cruel de acusarle de maltrato- Los muchachos le cuidan, pero igual trabajan, pasó muy rápido- contestó intentado convencerme- No me agrado, decidí ignorarla y me centre en mi viejo, al ?nal de cuentas sólo había ido por él.
-¡Tata! ¿Cómo está?- pregunté
lo más amablemente posible- ¡Hola Tiril!-respondió viéndome directo a los ojos- ahí pude notar que no todo estaba perdido con mi abuelo, pensé en estar a su lado, hasta sus últimos momentos, hasta que su fuerza de voluntad y Dios así lo quisieran

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