El león con demencia III

El león con demencia III

A los pocos días recibí ahí la llamada de Socorro y le dije que ese tema lo hablaríamos en privado, ese mismo fin de semana fui con mi abuelo y me dijo lo que tenía.

Después de estar con él un largo rato me dispuse a hablar con Socorro, le pregunté qué tanto había pasado en mi ausencia, respondió que últimamente tenía ideas raras, deambulaba por la casa sin ropa, se hacía del baño donde quería, no comía y preguntaba por mi abuela y por mí y cada vez le tenían que decir que ya había fallecido, era un tormento constante, como morir todos los días o cada 15 minutos, había decidido llevarle al doctor y la oportunidad perfecta fue cuando se cayó, le había comentado al doctor todo lo que le pasaba y le habían mandado a hacer estudios, le pedí que en cuanto tuviera los resultados me hiciera saber que tenía, de igual manera le aclaré que aunque no me fuese muy grata su compañía no la odiaba, que las cosas no habían salido bien, pero seguiría visitando su casa por mi Tata, no lo dejaría de lado como Raymundo Jr. , el “güerito” ricachón que no se había dignado a verle, pues tenía una esposa que lo mangoneaba y nunca se lo permitiría, pues mi abuelo no era de su “agrado” ha, pero el dinero de su pensión si lo era, por eso esa buitre sólo esperaba su deceso para que a su “mundito” le tocara lo que le “correspondía” ¡bah! Pamplinas, esa mujer era una bruja, y no le iba a dejar a mi abuelo tan fácil, no mientras Susana Milagros viviera.
A los pocos días recibí ahí la llamada de Socorro y le dije que ese tema lo hablaríamos en privado, ese mismo fin de semana fui con mi abuelo y me dijo lo que tenía.
-Y bien ¿Qué le pasa?-solté-El doctor le diagnosticó Demencia Senil-respondió- La verdad me quede atónita, había leído sobre eso y sabía que mi abuelo perdería poco a poco las capacidades cognitivas, sería como un niño, su memoria tendría lagunas, olvidaría nuestros rostros, su parentesco, nos iría olvidando de poco a poco, tendría días buenos y malos, olvidaría tocar su preciado acordeón, ese que le salvaba de la rutina, olvidaría lo que vivió con mi abuela, con su familia, tendría episodios de ira entre otras cosas. A ninguno nos fue fácil aceptar la condición de mi abuelo pero decidimos no dejarle solo, entre mis tíos y yo le daríamos una buena vida, poco después de eso en mi escuela de Enfermería una maestra nos dio una plática, sobre nuestros viejos y no importa que tan “malos” hayan sido con nosotros, pues somos humanos y en nuestro caso, si no cuidamos principalmente a los nuestros, porque cuidaríamos de otros, sería un acto de completa hipocresía. Así decidí ir a verle mínimo cada fin de semana, le haría feliz en sus últimos momentos.

Edukt, Educación, ciencia, arte y tecnología.