Nos encontramos primeramente con la situación del gusto por la desigualdad de género que se reforza cada vez más para hacer frente a ese pseudofeminismo que agobia al mundo posmoderno

Al día de hoy podemos encontrar por doquier los efectos de la globalización en todas las áreas posibles, ya sea mediante la industria, el comercio, ciencia, entretenimiento, política, economía, incluso educación y cultura; pero con ello llegan también los efectos negativos de las mismas, como lo son la pobreza, la ignorancia, la enfermedad, el miedo, y la suma de todos, la violencia pues al parecer por su estrépitos es la que nos ocasiona más impresión en estos días.
La primera es aquella generada principalmente de manera mediática, lo que presenciamos ahora debido a este mundo hiperconectado a las telecomunicaciones en busca del éxtasis de la información; esta tiende a mostrar
la radicalización en su punto máximo, tal como son los reportajes sobre ISIS, Al-Qaeda, Boko Haram y demás grupos similares que principalmente buscan como objetivo un fundamentalismo religioso. Pero a su vez, nos distraen y hacen que nos olvidemos de lo que ocurre en nuestras propios territorios, como ejemplo, podemos ver en Latinoamérica la expansión de la violencia a través del narcotrá?co y su desastrosa estrategia de combate mediante la guerra contra las drogas cuyos resultados no son muy distantes a los que vemos al otro lado del mundo.
Pero claro, esta es la violencia radical mediática y que de vez en cuando llegamos lamentablemente a presenciar en vivo, aunque no es necesario ir tanlejos para experimentar otros tipos de violencia ya que se encuentran también en escalas más básicas, es decir,
la violencia de la vida común; la cual podemos ver como primer indicio
por parte del Estado, donde este hace uso de su fuerza legal para ejercer sus intereses y de ser necesario acabar con cualquier obstáculo que encuentre, ya sea apagando protestas, desactivando periodistas, activistas o cualquier otro actor no deseable para sus planes, incluso mediante la presión incesante hacia la población mediante la corrupción y la burocracia innecesaria.
Otros casos más específicos podrían verse mediante el enfoque de la violencia hacia ciertos grupos minoritarios, ya sean raciales, ideológicos, religiosos, sexuales, etc. y es aquí en donde se pretende enfocar el tema, la violencia más básica y primitiva que es por la que inicia el radicalismo y la cual se comienza a globalizar con mayor rapidez, basándose en el enaltecimiento de la extrema derecha mediante su nacionalismo, el repudio a asuntos tales como los derechos humanos, la igualdad, el intelectualismo y la unión de la especie humana en sí.
Nos encontramos primeramente con la situación del gusto por la desigualdad de género que se reforza cada vez más para hacer frente a ese pseudofeminismo que agobia al mundo posmoderno, el cual avala supuestamente por la liberación de la mujer y otros grupos oprimidos pero en realidad no hace más que apoyar los intereses neoliberales que no hace más allá que distraer y dividir al pueblo pues dista mucho de los “ideales” que propone. repudio hacia aquel grupo de personas de diferentes identidades sexuales, tales como lo son los pertenecientes a la llamada comunidad LGBT, que es mostrada por los conservadores como una amenaza al estilo de vida de la población donde nuestros supuestos valores y tradiciones son amenazados por aquellos que se sienten diferentes a nosotros.
Después nos encontramos con el antiintelectualismo que se enfoca en
la dogmatización, obediencia ciega y el detestar cualquiera que cuestione o presente un cambio a las creencias del grupo al que el individuo pertenezca, como hemos visto el repudio a la lógica misma no queriendo ver la realidad y vivir en la fantasía, tal como se muestra en aquellos que realmente creen que la Tierra es plana, y demás ejemplos incontables.
Y es aquí como llegamos a la culminación de dichos pasos, el fascismo, la suma de todos estos males que ahora viene a presentarse como el nacional populismo pues al parecer la demagogia ya como término queda en desuso ante los carismas populistas que cada vez son más frecuentes en Occidente pues su poder comienza a acrecentarse como nunca antes, terminando en el radicalismo que tanto se nos prometía eliminar mediante dichos métodos.