La salida parte desde cada Centro Educativo en lo particular. Y a partir desde cada uno de estos espacios, configurar un marco de investigación-acción para desarrollar intervenciones educativas que permitan probar distintos tipos de metodologías que busquen incrementar el nivel de comprensión lectora de los alumnos.

“Es hora de cambiar las coordenadas de la discusión”
Partamos de lo siguiente: desde el año 2000 hasta el 2015, se han realizado evaluaciones en México en torno a la lectura y la comprensión lectora, y los resultados han sido magros desde entonces. Si las evaluaciones tienen como propósito conocer el estado que guarda una determinada área -en este caso la comprensión lectora- para formular con ello un conjunto de políticas académicas tendientes a resolver el problema, ¿por qué en el caso de nuestro país, más de una década y media de evaluaciones no nos han servido de nada para resolver el bajo nivel en la comprensión lectora?

Las respuestas que se han dado a esta pregunta, tienen que ver con lo siguiente: 1) Porque no se ha asumido como un problema central en el sistema educativo mexicano. Se conoce el problema, pero se administra la solución. Y esa administración termina en el campo de las buenas intenciones y de los escasos resultados; 2) Porque hemos equivocado el camino: pretendemos resolver el problema en base a la estrategia pedagógica y didáctica del profesor, sin considerar si cuenta o no con la debida formación y capacitación; y 3) Porque la clave no está en el profesor, ni en la escuela; sino en el contexto sociocultural del alumno. A estas tres respuestas se le puede sumar el marco teórico que acompaña a la práctica pedagógica y didáctica del profesor, o incluso el factor curricular o la selección de textos que leen los alumnos. Y si queremos agregarle todavía más, se añadiría el uso y manejo de las bibliotecas escolares o la vinculación del trinomio escuela-familia-entorno cultural. Y el debate proseguiría.

Para el caso del presente artículo, señalamos una vía adicional para el análisis: la comprensión lectora se va a solventar desde cada centro educativo en lo particular, y no desde una política académica que parta directamente de la Secretaría de Educación Pública. Desde esa instancia el tema se ha “administrado”, como señalamos líneas arriba. Y los resultados van a seguir siendo los mismos. No es por ahí el asunto entonces.
La salida parte desde cada Centro Educativo en lo particular. Y a partir desde cada uno de estos espacios, configurar un marco de investigación-acción para desarrollar intervenciones educativas que permitan probar distintos tipos de metodologías que busquen incrementar el nivel de comprensión lectora de los alumnos.

La comprensión lectora es una de las competencias torales en la formación académica de los alumnos, porque determina de manera muy importante la capacidad cognitiva del alumno para comprender el lenguaje abstracto del cual se nutre la ciencia. Sin esta condición, es difícil que un alumno pueda solventar de cabal forma algunas tareas que requieren de reflexión, evaluación e interpretación.

Para solventar estos aspectos cognitivos, la comprensión lectora es el instrumento y la investigación directa en el salón de clase es la vía estratégica para saber qué metodología didáctica y pedagógica es la más eficaz para elevar los indicadores de comprensión lectora en los alumnos. Ahí está la clave. A ras de piso y de manera directa en el salón de clase. La teoría en abstracto instrumentalizada metodológicamente para determinar los indicadores respectivos en comprensión lectora. Hay que construir la métrica y en base a ella conducir la estrategia en la materia.

Más claro: hay que desengancharnos del debate de las evaluaciones de PISA, Planea y Excale y los resultados contenidos en esas evaluaciones, porque el resultado al final es uno: se genera una andanada de artículos respecto a lo mal que está nuestro sistema educativo en Educación Básica. ¿Y de ahí qué sigue? Nada, sólo ruido mediático y alguna que otra declaración de preocupación por parte de algún funcionario de la SEP. Y nada más.

Hay que desengancharnos de este debate y enfilar las baterías con los alumnos directamente en el salón de clases. Es una tarea y responsabilidad capital de cada una de las escuelas -públicas y privadas-. Además, bastante tinta ya se ha corrido al respecto, es hora de que la ciencia hable a través de la teoría y la metodología.