“¿Para qué se aprende?”. Y se argumenta para ello que “La función de la escuela ya no es únicamente enseñar a niñas y niños y jóvenes lo que no saben, sino contribuir a desarrollar la capacidad de aprender a aprender, que significa aprender a pensar”.

La estrategia central en la Reforma Educativa es situar la “Escuela al Centro” en el Sistema Educativo Mexicano. Ello significa, entre otros aspectos, situar a los niños y a los jóvenes en el centro de todos los esfuerzos del sistema educativo. Para lo cual, se diseñó una reestructuración del andamiaje institucional -en eso consiste la reforma educativa precisamente- que implicó: a) Un planteamiento curricular; b) La formación y desarrollo profesional docente; c) Una nueva gobernanza del sistema educativo; y d) Una concepción de la educación bajo el canon de la inclusión y la equidad. Todo ello en aras de instalar la escuela al centro y con ello a los alumnos.

El objetivo central -se dice en el marco institucional- es que la “educación pública, básica y media superior, además de ser laica y gratuita, sea de calidad, con equidad e incluyente”. Lo cual se traduce en “…asegurar que la educación que reciban -los niños y los jóvenes- les proporcione aprendizajes y conocimientos significativos, relevantes y útiles para la vida, independientemente de su entorno socioeconómico, origen étnico o género”. Para ello se establece un perfil de egreso del alumno en la educación obligatoria, el cual se sintetiza en los siguientes ámbitos de aprendizaje: a) Lenguaje y comunicación; b) Pensamiento matemático; c) Exploración y comprensión del mundo natural y social; d) Pensamiento crítico y solución de problemas; e) Habilidades socioemocionales y proyecto de vida; f) Colaboración y trabajo en equipo; g) Convivencia y ciudadanía; h) Apreciación y expresión artísticas; i) Atención al cuerpo y la salud; j) Cuidado al medio ambiente; y k) Habilidades digitales.

El perfil de egreso responde a la interrogante “¿Para qué se aprende?”. Y se argumenta para ello que “La función de la escuela ya no es únicamente enseñar a niñas y niños y jóvenes lo que no saben, sino contribuir a desarrollar la capacidad de aprender a aprender, que significa aprender a pensar; a cuestionarse acerca de diversos fenómenos, sus causas y consecuencias; a controlar los procesos los procesos personales de aprendizaje; a valorar lo que se aprende en conjunto con otros; y a fomentar el interés y la motivación para aprender a lo largo de toda la vida”. Hasta aquí la exposición de motivos.
Lo sustantivo en todo lo anterior es la figura del maestro, porque implica un proceso de formación en la práctica docente en términos pedagógicos y didácticos para lograr los ámbitos de aprendizaje esperados. Y de acuerdo a la exposición argumentativa que se presenta en el Modelo Educativo, se afirma que se tiene que transformar la cultura pedagógica (tradicional) de los maestros, por otra que se “centre en generar aprendices activos, creativos, interesados por aprender y por lograr los aprendizajes de calidad que demanda la sociedad actual”. Por tal motivo, se le apuesta a la formación continua de maestros en servicio. Y se establecen cinco dimensiones para el nuevo perfil del docente en México. Estas dimensiones son las siguientes:
1.Un docente que conoce a sus alumnos, que sabe cómo aprenden y lo que deben aprender;
2.Un docente que organiza y evalúa el trabajo educativo y realiza una intervención didáctica pertinente;
3.Un docente que se reconoce como profesional que mejora continuamente para apoyar a los alumnos en su aprendizaje;
4.Un docente que asume las responsabilidades legales y éticas inherentes a la profesión para el bienestar de los alumnos;
5.Un docente que participa en el funcionamiento eficaz de la escuela y fomenta su vínculo con la comunidad para asegurar que todos los alumnos concluyan con éxito su escolaridad.
Este perfil docente, de acuerdo a la Reforma Educativa, implica no sólo la formación continua, sino también la evaluación por lo menos cada cuatro años a los maestros en funciones. Y para los maestros de nuevo ingreso, la Ley General del Servicio Profesional será la única vía para acceder al sistema educativo, y la evaluación la única instancia a través de la cual se van a sostener en el sistema.
Aquí se centra la discusión en la reforma y en el modelo educativo. En palabras del Dr. Manuel Gil Antón, la Reforma Educativa ubicó a la evaluación como el corazón de la reforma. Y cuando ello ocurre “…la evaluación pierde sentido como procedimiento inmediato (…). Se convirtió entonces en una estrategia -para el Gobierno- de control, y para los profesores, de supervivencia. Mucho de lo que ocurre en la evaluación no pasa por el aula. ¿Por qué? Porque este es un requisito laboral que no tiene que ver con la práctica docente”.
Si la evaluación determina la práctica docente, lo que tendremos al final del camino es a un profesor más preocupado por pasar la evaluación, que por lograr los aprendizajes esperados en los alumnos. Como lo afirma el Dr. Gil Antón, al final del día este es un asunto de sobrevivencia.
¿Es así? Eso depende de los resultados inmediatos que ofrezca la Reforma Educativa en términos de aprendizaje en los alumnos. Y no falta mucho tiempo para ello, en el próximo ciclo escolar inicia la aplicación del nuevo modelo educativo.
Al tiempo…