Quién sabe porqué pero la música no la escuchamos. Quizá en el arte coincidiríamos un poco más, pero sin dudarlo, la lectura de poesía e historia nos cautiva. Luego de Benedetti leímos a Sabines. Qué delicioso es su trabajo. Nos embelesamos. El gusto por la lectura de poesía en voz alta debería de cultivarse más a menudo.

Hace días, mientras tratábamos de recuperar las fuerzas, Eva Yañez, una ingeniera de la UNAM que está terminando su tesis, Anahy, mi socia y amiga, y esta narradora, comenzamos a leer a Mario Benedetti. De entre tantos poemas que encontramos en Internet, escogí: “¿Y si Dios fuera mujer?” para luego seguir con “Piedritas en la Ventana” y cerrar, con los ojos de Eva vueltos en el recuerdo, con el de “Táctica y Estrategia”. “¿Y si Dios fuera mujer […] Tal vez nos acercáramos a su divina desnudez para besar sus pies no de bronce, su pubis no de piedra, sus pechos no de mármol, sus labios no de yeso […]” “Irreverente”, pensé. “Genial”, escuché decir a Anahy. “Sublime”, dijo Eva. Claro que los suspiros llegaron con la lectura de Táctica y Estrategia: “Mi táctica es mirarte, aprender como sos, quererte como sos…”.

Quién sabe porqué pero la música no la escuchamos. Quizá en el arte coincidiríamos un poco más, pero sin dudarlo, la lectura de poesía e historia nos cautiva. Luego de Benedetti leímos a Sabines. Qué delicioso es su trabajo. Nos embelesamos. El gusto por la lectura de poesía en voz alta debería de cultivarse más a menudo.

Dejamos de lado los textos literarios para dar paso a la ceremonia religiosa. Nos dispusimos a alimentar el espíritu. Después de todo, para eso nos reunimos año tras año en Guadalajara, Jalisco, sede mundial de La Luz del Mundo. Y habiendo satisfecho esa necesidad del alma, seguimos en búsqueda de la cultura.

Encontramos el café, el cafecito, ese que no puede faltar cuando uno va a leer. Y entonces la noche se hizo larga. Al otro día, el encuentro con los intelectuales y empresarios de la Iglesia La Luz del Mundo nos esperaba, nada más ni nada menos que en el Teatro Degollado de Guadalajara. Lo mejor del evento, la ponencia de Esteban García, experto en marcas y publicidad que, en unos cuantos minutos, nos puso al día sobre lo que debemos hacer para crecer nuestras empresas. Y luego vinieron las fotos, los murales de Orozco, la visita al otro inmueble histórico: el Cabañas.

Y terminamos el día con la lectura de Sor Juana Inés. “Éste que ves, engaño colorido,
que, del arte ostentando los primores, con falsos silogismos de colores es cauteloso engaño del sentido; éste en quien la lisonja ha pretendido excusar de los años los horrores y venciendo del tiempo los rigores triunfar de la vejez y del olvido: es un vano artificio del cuidado; es una flor al viento delicada; es un resguardo inútil para el hado; es una necia diligencia errada; es un afán caduco, y, bien mirado, es cadáver, es polvo, es sombra, es nada.”

p.d. De regreso con ustedes –espero- para no irme de nuevo.