Máscaras

Máscaras

La comedia humana nos ofrece un carnaval de máscaras que tomamos a nuestra conveniencia en donde nariz, manos, boca, ojos, oídos acomodamos para aparecer en escena y seguir con la parodia y pantomima de vivir con nuestra naturaleza, inclusive cambiando de máscaras en cada acto de nuestras vidas; Veamos, no es la misma cara en un velorio que en una fiesta, es decir no se necesita maquillaje para tapar la tristeza o la alegría, como tampoco se hace necesario usar máscaras o maquillajes para ser un hipócrita, desvergonzado, pedante o soberbio, incluyendo el falso beso "De Judas" que muchos nos damos entre familiares y amigos en las bienvenidas o despedidas, usando los labios como parte de la máscara que esta comedia o acto queremos representar.

La vida es un equilibrio tremendo entre el ángel y la bestia: Ernesto Sabato

Desde la antigüedad en todas las culturas, los ritos, los teatros, en las guerras, fiestas, carnavales y cientos de eventos las máscaras de sus deidades y Dioses fueron usadas, servían para representar el mal o el bien, para dar temor al enemigo en las batallas y para entretener. Poco ha cambiado al correr de los siglos en los humanos, el cargar y llevar estas máscaras aún en nuestra sociedad llamada civilización racionalista, llena de mecánicas y aparatos modernistas, plásticos y computadoras y es esta misma civilización la que en vez de avergonzarnos nos dan muchas de las veces asco por las diferentes máscaras que cada uno de nosotros llevamos y que nunca es la misma, porque cambia en cada uno de los lugares en que los individuos tenemos asignado, la del político, la del profesor, la del criminal, la del amante, la del infiel, la del amor, la del héroe, la del solitario, la del amargado o infeliz, la del alegre y feliz, y muchas máscaras capaces de tapar o cubrir no sólo el rostro ni los gestos, sino la que no podemos quitarnos y que se lleva adentro.

El individuo se sigue poniendo y usando máscaras como las utilizó hace siglos, en el inicio de la humanidad, desde que se descolgó de las ramas y pasó la gélida noche de los tiempos, es la que nos ponemos cuando estamos solos, cuando nadie nos ve, nadie nos escucha, ni suplica, inclusive no tenemos idea de cuánto sufrimiento y lágrimas, coraje, odio, felicidad y alegría hay detrás de esas máscaras. Las mascaradas que como comedia que nos juega la vida, la mujer o el hombre que como ave peregrina posa y pasa su amor efímero y después desaparece, sus rasgos son borrados, de su recuerdo queda sólo la máscara del desamor o la tibia esperanza de un recuentro o buscar otra máscara en otro amor que también tendrá otra máscara, porque así somos los seres humanos que oscilamos entre la santidad y el pecado, entre la carne y el espíritu, entre el respeto y el desorden y, entre los recuerdos y los olvidos.

¿Por qué los verdugos usan mascara? ¿Será acaso esta como respeto al sacrificado o temor a su conciencia? es decir está escondiendo en una máscara su verdadera máscara. Con el tiempo parece ser que el disfrazar nuestra conciencia es la rasante, es la colectividad que nos gusta asumir y lo vemos en nuestros políticos ya no en los nacionales, sino a nivel mundial y no sólo en políticos, sino en economistas, artistas y también en algunos clérigos, sacerdotes, pastores, rabinos, reverendos que son simples “Bufones de Dios” personificados con máscaras o con disfraces completos y algunos merecen endosarles aquella tildada frase de ser “Lobo con piel de Oveja” . La comedia humana nos ofrece un carnaval de máscaras que tomamos a nuestra conveniencia en donde nariz, manos, boca, ojos, oídos acomodamos para aparecer en escena y seguir con la parodia y pantomima de vivir con nuestra naturaleza, inclusive cambiando de máscaras en cada acto de nuestras vidas; Veamos, no es la misma cara en un velorio que en una fiesta, es decir no se necesita maquillaje para tapar la tristeza o la alegría, como tampoco se hace necesario usar máscaras o maquillajes para ser un hipócrita, desvergonzado, pedante o soberbio, incluyendo el falso beso “De Judas” que muchos nos damos entre familiares y amigos en las bienvenidas o despedidas, usando los labios como parte de la máscara que esta comedia o acto queremos representar. Sin embargo podrán o no estar conmigo de acuerdo pero más allá de la piel que cubre nuestra cara o rostro, sea del color que fuese y las facciones que nos tocan, la única y duradera máscara que perdura es cuando llega la muerte y que en la mortaja dejamos la máscara de carne para darle pase al maniquí de hueso quien por corto o mucho tiempo sostuvo diferentes mascaras.

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