Ed117 P10 Campesinos

Preguntas de los campesinos EPN 2/2

No queremos, sr. Presidente, proyectos modernizadores depredadores de los recursos naturales que existen allí, que sólo buscan el lucro desmedido de las empresas, aún a pesar, de que usted diga que esta empresas trabajaran para la utilidad pública. Sr. Presidente, o es engañado por sus asesores, o, usted es cómplice de la codicia cruel de esas empresas.

Los campesinos e indígenas des-pués de escuchar las respuestas de fácil salida del presidente, empiezan a sentir un desencanto y un futuro cercano desesperanzador,
y a amenazador a la vez, sienten en su interior que lo ganado con Lázaro Cárdenas, se les escurría entre las manos, el ambiente se tornaba enrarecido,
no podían entender que el presidente ya sentado en la silla presidencial, era totalmente distinto a como se presentó en la campaña electoral, que hasta en las fotos se manifestaba tierno y encantador con las señoras campesinas de edad ¡qué hipocresía!. Sin embargo, todavía tenían material para proseguir el diálogo. Quizá el remarcar las faltas de apoyo esenciales para sus
proyectos productivos, se le podía ablandar el corazón.Uno de los indígenas representante de la región sureste, le lanza el siguiente comentario:
C. I.: Sr. Presidente, usted, independientemente de su gran responsabilidad, es una persona que debe ser sensible cuando los individuos y comunidades están trabajando para sus familias y por la protección al medio ambiente.
En la región sureste de dónde vengo se está realizando lo siguiente: a pesar de los proyectos modernizadores impulsados por el Estado que usted representa, y la presión para despojarnos de nuestro territorio que es parte de nuestra nación, y que desde siglos hemos vivido a través de generaciones habidas y por haber, estamos generando formas productivas basadas en la cooperación y el uso ecológicamente adecuado de los recursos. Estamos conformando ejidos forestales mayas de Quintana Roo, con una posesión de un millón de hectáreas y se ha logrado manejos forestales adecuados; existen 80 mil familias de apicultores que producen 40 por ciento de la miel del país, y en la actualidad, se enfrentan a las corporaciones biotecnológicas que tratan de introducir soya transgénica la cual contamina la producción, y el gobierno federal al cual usted representa, así como estos corporativos, demandan jurídicamente para que
se establezcan en nuestra región, ¡malo, sr. Presidente por parte suya! Al respecto, nos hemos agrupados las cooperativas apícolas, ejidatarios, ambientalistas, académicos e investigadores comprometidos con las semillas naturales y en defensa de la miel, que ya contaminada, sr. Presidente, se torna difícil de comercializar al exterior. Hemos creado la Reserva Estatal Biocultural del Puuc, la cual abarca aproximadamente 135 mil hectáreas, resultado del esfuerzo conjunto de los municipios de Muna, Ticul, Santa Elena, Oxkutzcab y Tecax,
colaborando en ello, organizaciones con servacionistas y académicos. Esta es una iniciativa de vanguardia a nivel internacional, según los académicos que colaboran con nosotros; esta área es una zona estratégica desde el punto de vista biológico y preserva importantes centros ceremoniales antiguos, y este es un proyecto de enorme magnitud porque es generado por la gente misma nativa de esta zona.
No queremos, sr. Presidente, proyectos modernizadores depredadores de los recursos naturales que existen allí, que sólo buscan el lucro desmedido de las empresas, aún a pesar,
de que usted diga que esta empresas trabajaran para la utilidad pública. Sr. Presidente, o es engañado por sus asesores, o, usted
es cómplice de la codicia cruel de esas empresas.
¡Apelamos! ¡A su ser ético como presidente de la República, a su ser moral y social como individuo por el bien de esta región, por el bien de la nación!, ¡queremos su comprensión y
aplicación de programas de apoyo para la manutención de nuestras familias que son cientos de miles! Esto. ¿No es utilidad pública?
Ante la embestida argumentada, el presidente sentía ya no lo duro sino lo tupido de la sesuda exposición del indígena, que con el corazón en la mano, le hacía los reclamos
adecuados y contundentes. Se hallaba entre el sentir de un pueblo y la presión que los organismos internacionales le instrumentaban las decisiones a tomar. Tenía que buscar una
salida más concreta del mismo nivel intelectual, moral, social y ambiental que en ese momento se le planteaba.
Presidente: He tomado nota en forma detallada de lo que se está haciendo en esa zona del sureste mexicano; me duele la concepción que ustedes tienen de mí en las decisiones que
se han estado implementando. No pretendo en forma alguna de enriquecerme a costa del pueblo de México favoreciendo a esas empresas, veo en mis decisiones,
el horizonte que México tiene ante los megaproyectos que mi gobierno trata de implementar. Sin embargo, prometo estudiar concienzudamente con mis colaboradores, hasta dónde se puede restringir las áreas de intervención para otorgar contratos a los particulares; créanme, en estos cargos, uno ve desde este punto de vista, la generalidad de una nación en detrimento de la heterogeneidad, la particularidad existente en cada región. Es cierto, el medio ambiente debe cuidarse para las generaciones de hoy y futuras, y para ello, se han creado instituciones especializadas que se encargan celosamente de preservar y conservar los recursos naturales. Pero de lo que estoy seguro es que a estas empresas al otorgarles las concesiones, rigurosamente se les aplicará la ley enfocada al medio ambiente. ¡Váyanse tranquilos! que de mi parte existe la garantía categórica de que de acuerdo a los estudios que mi equipo de expertos realice, será precisamente para no afectar el crecimiento y desarrollo económico y ambiental de esa región.
El término prometo, para los visitantes tiene una connotación moral, de respeto entre personas de palabra sincera, y la forma en que lo expresó el presidente, significaba algo muy distante,
muy vacío. Confundidos, perciben ambigüedad en el discurso. En pocas palabras, no le creen. Ya por último, le dejan ver al presidente una velada protesta, y una observación, que interpreta el no desconocimiento de las consecuencias funestas si estas empresas se asientan en su territorio.
C. I.: Lo que nosotros digamos o no digamos, está por verse, ya que esto lo llevaremos a la asamblea de ejidos,
y este órgano decidirá las acciones a tomar. Pero entrando a otro tema,
en el remoto caso de que rentáramos nuestras parcelas, tenemos entendido que estas compañías multinacionales, derraman tóxico por toneladas hacia la superficie, dañando el suelo y subsuelo, como sucedió en Sonora y a la fecha, esa compañía mexicana ha hecho caso omiso de pagar los daños, tal como lo dice el partido verde, así como las instituciones encargadas del medio ambiente ¡puras mentiras! Al dejar deterioradas nuestras parcelas, al cabo de los años de vencimiento de la renta, éstas ya no servirán para el cultivo, ¿qué vamos hacer sr. Presidente?
Lo que acababan de decir los campesinos eran hechos concretos, no había forma de soslayar la denuncia, por lo que el presidente opta utilizar un discurso demagógico, en el que ni él se la cree.
Presidente: No se preocupen señores, está la SEMANART, la PROFEPA, la Procuraduría Agraria, instituciones especializadas que velarán para que esto no suceda, y en caso de que así fuera, a estas compañías se les aplicará la ley con rigor, y podrían ser ustedes indemnizados ampliamente para que vivan bien el resto de sus días. Muchas gracias, y estaremos al pendiente de los estudios encomendados.
Con una cara de tristeza y enojo a la vez, se retiran el grupo de campesinos e indígenas, sin siquiera saludarlo en señal de despedida, más bien, por dentro y en forma directa, externan su desencanto de tener un presidente que en lugar de defender los derechos del pueblo, le da la preferencia a estas multinacionales, las cuales sí dejarán dizque rentabilidad a la nación. El presidente los observa con un rictus de emociones encontradas, sabe que salió ganando la partida con engaño, pero minusválida su investidura de ser el presidente de la República.
Para este artículo se consultó a:
Victor M. Toledo. La Jornada. “La resistencia es biocultural: el caso de
los mayas”. Miércoles 27 de septiembre 2016. P. 18

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