Todos, absolutamente todos tenemos el derecho de elegir libremente lo que queramos o no queramos para nuestra vida, nadie, ni aún nuestros padres pueden negarnos este derecho.
Sin embargo para todo hay límites.
Y cuáles son esos límites?… el mayor de todos es pretender algo en el que esté implícito herir a nuestros semejantes, no podemos ni debemos pretender algo a costa de dañar al prójimo, yo no puedo ni debo de querer abrir mis alas si con ello lastimaré a quien está a mi lado.
Y no se trata de bloquear sueños ni de cerrar puertas, hay que recordar que nuestra libertad termina cuando empieza la de los demás.
No te puedes llevar “entre las patas de los caballos” a quien está a tu lado simplemente porque ya te aburriste de tu vida o ya te cansaste de tus obligaciones.
Y no estamos hablando de una competencia, estamos hablando de nuestros compromisos de vida, por ejemplo, ningún padre tiene derecho a decir…”me voy, ya me cansé de ser papá”…eso es una verdadera falta de compromiso y de valor como hombre.
Pretender sin herir es un propósito limpio y sincero donde puedes abrir un abanico de posibilidades para renovarte, reinventarte y muchísimas cosas más.
Que tus sueños no se conviertan en una pesadilla para los que te aman.
Vuela, sueña, lucha por tus ideales, pero no los justifiques, pretendiendo algo que seguramente derrumbará tú entorno.