Asimismo, no hay que olvidar que en el mundo se vienen dando distintos tipos de actividades formativas, con éxito plausible. Sí hay reprobados en éstos, a su manera. Sí los hay. En todos se evalúa, no obstante, en los sistemas “elevados” es sin categorización del conocimiento, sin generalizaciones, considerando que todos aprendemos de manera diferente. Eso sí, se debe establecer criterios. Evaluar no es necesariamente calificar.

Reprobar. Fallar, perder, fraca-sar, errar, hundirse. En ciertas esferas y regiones, el lance de la reprobación en la enseñanza está rodeado de un halo casi malévolo; es pecaminoso, criminal, antipatriota y, por supuesto, ilegítimo para las máximas jerarquías de la Educación y, por lo demás, para las máximas mentes estadistas detrás de las fachadas en el andamiaje políticosocial de un país. La reprobación está censurada, reprobada. Prohibido reprobar.
¿De dónde viene esta ocurrencia? ¿Tiene algún asidero lógico?
¿Hay algún testimonio del éxito de su implementación en alguna parte del orbe? Con las últimas dos preguntas sólo puedo especular, porque, para ser sincero, lo desconozco; por tanto, no lo haré; no obstante, con las dos primeras el mejor camino es disipar dudas: ¿qué es la educación? Luego reflexionar sobre esto.
Para empezar, recurramos a lo lexicológico. Según la Real Academia Española (RAE), educación es, en su primera acepción, Acción y efecto de educar. Y educar, a su vez, también en su primera acepción, es Dirigir, encaminar, doctrinar. Antes bien, esta dirección, este encaminamiento y este adoctrinamiento no son improvisados, responden a conocimientos, habilidades, valores, creencias y hábitos de un grupo de personas, en este caso, el país en el amplio y general sentido del vocablo. Así dicen los “entendidos”; así veremos a continuación.
Sigamos esta vez con la Historia. Debemos recordar que, como era de esperar, la educación comenzó en la era prehistórica. En aquellos ayeres los adultos entrenaban a los jóvenes en conocimientos y habilidades considerados necesarios en y para su sociedad. Ni más ni menos. Y todo por vía oral y por medio de la imitación, tal como sugieren estudios antropológicos. Y a medida que las culturas empezaron a expandir su conocimiento más allá de las habilidades transmitidas por la imitación, con el paso del tiempo, mucho tiempo, se fue desarrollando la educación formal, la que impera desde hace un largo rato en este lado del mundo.
En la Antigua Grecia, Platón fundó la Academia de Atenas, la primera institución de educación superior en Europa. Alejandría, en Egipto, fue la sucesora de Atenas como la cuna inte-lectual de la expansión de lo helénico. En la Edad Media, después de la caída de Roma, la Iglesia Católica, como único custodio de la erudición alfabetizada en Europa Occidental, estableció escuelas catedralicias como centros de Educación Superior de las cuales algunas evolucionaron hasta las universidades actuales.
Ya en el contexto de la Edad moderna, del rescate pleno del saber de Grecia y Roma acaecido durante el Renacimiento nace el nuevo concepto educativo del Humanismo. Pero es en la Edad Contemporánea, es decir, entre los siglos XIX y XXI, cuando prorrumpen los actuales sistemas educativos, inspirados en la labor del teólogo, filósofo y pedagogo Comenio (Jan Amos Komenský) en Prusia reino alemán y Estado nacido de la unión del Ducado de Prusia y el Margraviato de Brandeburgo (BrandeburgoPrusia), la mayoría de ellos organizados y controlados por el Estado. A esta educación se le ha llamado, por tanto, Educación Prusiana.
A finales del siglo XX, por su parte, comenzó el auge de otro sistema educativo: la Educación Holística. Ésta, también llamada Educación Integral, es una forma constructivista hincada en la premisa de que toda persona encontrará su identidad el significado y sentido de su vida a través de vínculos con la comunidad, con el mundo natural y con los valores humanos.
Así una minuta exigua de la educación.
Antes bien, ahora veamos qué dicen algunos filósofos.
Pitágoras dijo que Educación es “Es templar el alma para las dificultades de la vida.” Señor Pitágoras, entonces si alguien aprueba sin importar lo que se supone debió haber aprendido, ¿está siendo templado para las dificultades de la vida? Platón dijo que “La educación es el proceso que permite al hombre tomar conciencia de la existencia de otra realidad, y más plena, a la que está llamado, de la que procede y hacia la que dirige”. Así pues, don Platón, si un estudiante no es reprobado, ¿cómo conocerá otra realidad distinta a sus propias limitaciones, generalmente de actitud? El psicólogo y filósofo humanista Erich Fromm dijo “La educación consiste en ayudar al niño a llevar a la realidad lo mejor de él.” ¿Lo mejor de sí, señor Fromm? ¿Cómo puede llevar a la realidad lo mejor de sí si no se le inculca el espíritu del esfuerzo? El epistemólogo suizo Jean Piaget dijo que la Educación “Es forjar individuos, capaces de una autonomía intelectual y moral y que respeten esa autonomía del prójimo, en virtud precisamente de la regla de la reciprocidad.” Querido Jean, ¿aquella reciprocidad que mencionas puede sustentarse en el esfuerzo de unos y la dejadez de otros? Y así…
Todos, absolutamente todos, coinciden en buscar los mejor en los individuos tanto para beneficio personal como para beneficio social. Todos coinciden en el brío y una cultura orientada hacia la búsqueda de lo mejor de cada quien. Obviamente, la reprobación no es antojadiza y tiene un afán correctivo, pero especialmente de redención, de regeneración, de rescate. No hay que olvidar que la reprobación es el resultado de una evaluación, es decir, el resultado de “un proceso que procura determinar, de la manera más sistemática y objetiva posible, la pertinencia, eficacia, eficiencia e impacto de las actividades formativas a la luz de los objetivos específicos”.
Asimismo, no hay que olvidar que en el mundo se vienen dando distintos tipos de actividades formativas, con éxito plausible. Sí hay reprobados en éstos, a su manera. Sí los hay.
En todos se evalúa, no obstante, en los sistemas “elevados” es sin categorización del conocimiento, sin generalizaciones, considerando que todos aprendemos de manera diferente. Eso sí, se debe establecer criterios. Evaluar no es necesariamente calificar.
La educación también implica una concientización cultural y conductual, donde las nuevas generaciones adquieren los modos de ser de generaciones anteriores. Así pues, ¿cuál es el mensaje para quienes no reprueban?: ¿El esfuerzo no es necesario?, ¿estar preparados o no estarlo da igual? Etimológicamente, la palabra «educación» procede del latín ēducātiō de ēdūcō (“educo, entreno”) que está relacionado con al homónimo ēdūcō
(“Llevo adelante, saco”) de ē (“de, fuera de”) y dūcō (“conduzco, guío”). ¿A dónde guiamos? ¿Para qué decirle a alguien que está listo para la vida si realmente no lo está? A menos que sí esté listo y la vida en sociedad sea realmente una sinecura, la más descarada breva.
Homologar con maquillaje
eufemismo de “decirle a todos que son aptos” en pos de las oportunidades sociales es tarea de otro ministerio, no de la Educación.
A nadie daña decirle “detente,
aún no estás listo”. Al contrario.