No te preocupes más por nadie, tú has cumplido. Sigue tu camino si crees que es lo mejor; estaremos bien. Estaremos bien porque tú nos gestaste, nos alimentaste, nos cuidaste, nos enseñaste, nos educaste, nos orientaste y nos amaste incansablemente

Qué difícil es despedirme de ti, te conozco desde antes de nacer y siempre has estado a mi lado, primero gestando, cuidando de mí mientras todavía soy parte tuya, parte de tu cuerpo a pesar de no ser tú, alguien con una potencialidad de ser y de independencia. Completamente dependiente de ti, te escucho, te siento, te necesito y sin saberlo ni poder definirlo o expresarlo, desde entonces, te quiero.
Una vez que dejo tus entrañas, que soy, que existo y tengo identidad, adquiero una ínfima independencia de ti; sin embargo, sigo necesitándote, dependiendo de ti. Me alimentas y cuidas, sigo escuchando tu voz, más cerca, más real. Ahora sé quién soy con referencia a ti, y quien eres tu; alguien muy importante, única.
Tu alimento ayuda a desarrollarme, a crecer. Tus palabras me alegran, me divierten, hacen despertar en mí sensaciones y sentimientos que no sé siquiera qué son y cómo manifestarlos; sólo río y lloro, nada más. Sin embargo, tú sabes cuando tengo hambre, sueño o necesito de tu ayuda. Tienes ese don que necesito para sobrevivir.
Ya no necesito que me alimentes directamente, me has enseñando a hacerlo, a distinguir lo que requiero y me hace bien, de lo que no me ayuda y me hace daño. Pero ahora sigo necesitándote. Con mis pequeños pasos tengo mucha más libertad; ahora voy prácticamente a donde yo quiero, ya no me tienes que cargar, ni en tu vientre ni en tus brazos. La independencia presenta riesgos, mismos de los que me has advertido, alertado y cuidado. Ahora es mi responsabilidad evitarlos para no hacerme daño. Tus regaños cariñosos me cuidan, me guían, me orientan pacientemente. Casi nunca entramos en conflicto pero cuando lo hay, por la buena o por la mala, tú siempre ganas y nunca te guardo rencor.
Con el ejemplo me enseñas lo que son los cariños, el afecto, la confianza, la solidaridad, el apoyo, el amor incondicional. Esos sentimientos sentarán las bases y cimientos de lo que seré; un hombre cariñoso, amoroso, solidario, afectivo, de confiar. Con esas bases me educarás, me harás crecer sentimental e intelectualmente. Los demás conocimientos los adquiriré en la escuela pero llevaré cimientos y principios sólidos que me inculcaste.
Mis travesuras y contingencias ya no te dan tanta gracia como antes pero me toleras, me reprendes cariñosamente, me educas. Con el tiempo adquiero aún más independencia; sin embargo, te necesito. Te necesito, aunque no lo quiera; tus regaños, castigos, reprimendas que me forjan, me dan guía, me dirigen y me orientan.
Sigo, creciendo, empiezo a pensar que no me quieres, que has cambiado; cuando el que ha cambiado soy yo. Resistes estoicamente mis embates, mis desplantes, ironías y reproches infundados por mi falta de experiencia, de vivencia, por mi juventud. Dicen que la juventud es una enfermedad que sólo se cura con el tiempo pero, de los dos, tú eres quien la padeces más y soportas pacientemente, con amor.
Mis arrebatos y desaciertos te irritan pero no siempre lo demuestras porque sabes que se complicarían más las cosas, yo, lo interpreto erróneamente, como un “no le importo”; sin embargo, la estrategia es clara, para ti. Mientras mis tropiezos me enseñan por la mala, no te escucho, no te entiendo, no te atiendo, sólo pienso en mí, y tú, silenciosamente piensas en ambos.
Llega la inmadura madurez, me siento el rey del universo, que el mundo está a mis pies y que todo está al alcance de mis manos. Me siento completa y absolutamente independiente capaz de hacer todo lo que quiera, y sin saberlo, te necesito. Necesito tus consejos, tu resignada aceptación de quién soy, de cómo soy; sólo es cuestión de tiempo, lo sabes y no reprochas, aconsejas, orientas y aceptas pacientemente la realidad del momento.
Mis errores no son tuyos, son consecuencia de mi independencia, lo he aprendido. Tú siempre quisiste prevenirme pero en ocasiones no te escuché. Nadie experimenta en cabeza ajena, tuve que tropezarme y caer para aprender lo que tú con cariño y amor me quisiste enseñar, ahora lo entiendo.
El tiempo ha convertido a ese ser creado en creador, ahora tengo mi propia familia, soy responsable de ella y me alejo un poco de ti pensando inconscientemente que siempre estarás ahí, pacientemente esperando. Tú ya estás sola, tu otro yo se adelantó hace tiempo y dejó en ti un gran vacío imposible de llenar. Sin embargo, resistes, te niegas a abandonarte y sigues adelante. Te das cuenta de que existes independientemente de que tu otro yo ya no, resurges con nuevos bríos, experimentas fesetas que no sabías que estaban dentro de ti, lograste la independencia, lograste la felicidad.
Soy feliz, tengo una pareja que dista mucho de ser perfecta pero es maravillosa. Lo hicimos…!, lo hiciste. Convertirse algo en alguien, un potencial en un ser, un ser dependiente en un hombre independiente, un hombre independiente en un hombre feliz. Y aun así, te necesito.
Hoy yaces en una cama, esperando estoica y pacientemente lo que venga, lo inevitable. Tu y yo deseamos lo mejor, nos preparamos para lo peor y sabemos lo que vendrá irremediablemente. Eres la persona más maravillosa que he conocido, podría asegurar que has tenido una buena vida, que has sido feliz. No te preocupes más por nadie, tú has cumplido. Sigue tu camino si crees que es lo mejor; estaremos bien. Estaremos bien porque tú nos gestaste, nos alimentaste, nos cuidaste, nos enseñaste, nos educaste, nos orientaste y nos amaste incansablemente.
Tus esfuerzos, desvelos, preocupaciones, palabras, cariño y dedicación no han sido en vano, has trascendido. Ya cumpliste.
Cuánta falta me has hecho, cuánta falta me haces y cuánta falta me harás. Pero ya es tiempo, es hora de despedirnos, es momento de decir adiós.
Adiós Mamá, te quiero…