Qué tal si dejamos de buscar que otro me entregue su amor y me dedico a entregar el mío; qué tal si dejamos de buscar en otros lo que yo mismo llevo adentro y comenzamos a transformar corazones duros en almas buenas

Citando al escritor, filósofo, y sobre todo, amigo, Dr. Carlos Díaz Hernández: “no hay persona que se resista a una dosis extrema de cariño” (aunque tú sabes hermanito, que soy irreverente, y que si no te cito correctamente, es porque te molesta que saque mi celular cuando tú hablas).
Con estas palabras me vino a la mente cómo las personas nos pasamos la vida en busca del amor, tratando de encontrar quién nos cuide, nos respete, nos quiera y sea merecedor del nuestro para así, entregarnos completamente y ser felices juntos. En esta búsqueda del amor y debido al golpeteo que produce en el alma entregarse tanto, acabamos la mayoría de las veces dejando de creer en él, o peor aun matándolo. Y lo único que esto genera en nuestra vida es que nos hagamos más egoístas y acabemos llevándonos entre las patas (como se diría vulgarmente) a todas las almas buenas que se cruzan en nuestro camino: convirtiéndolas en corazones duros, lastimando de la misma manera que nos lo hicieron, logrando que otro sufra igual o más que nosotros mismos.
La reflexión es la siguiente:
“Qué tal si dejamos de buscar que otro me entregue su amor y me dedico a entregar el mío; qué tal si dejamos de buscar en otros lo que yo mismo llevo adentro y comenzamos a transformar corazones duros en almas buenas; qué tal si lo hacemos al revés y enseñamos a amar a los demás cómo nos gustaría que nos amaran, con todos los riesgos que eso implica, principalmente el de ser herido; qué tal si le decimos a aquel que no conoce el amor que “sí existe y aquí está”, para que lo conozca aunque no quiera, y aunque no lo sepa apreciar “ahí está” y no se va a ir.
El amor no depende de que creamos o no en él, el amor existe, se encuentra dentro de cada una de las personas que pasan a tu lado, solo que algunos no saben de lo que son capaces, a esos hay que enseñarles, a esos hay que amarlos más para que aprendan.
En este tiempo donde pareciera que todo está terminado y que no hay esperanza, es donde se vuelve necesario sacar de lo más profundo de nosotros aquello que nos fue entregado desde nuestro nacimiento, que es inherente a nuestra persona, aquello que brota desde adentro y nos hace actuar por otro sin necesidad de ser correspondido, ¿Por qué no hacerlo y probar qué pasa?. A fin de cuentas, si ya fracasamos, no perdemos nada con hacerlo al revés de lo que estamos acostumbrados.
Y entonces ¿Por qué el título?, pues es muy sencillo, esto llegó a mi cabeza mientras hoy esperaba al camión que se llevaría la basura de mi casa, simplemente.