(…) la cualidad más importante que puede tener una persona es la imaginación, porque es lo que hace posible que alguien se ponga en el lugar del otro. Y eso vuelve a la gente comprensiva y capaz de compasión

¿Hace cuánto no lees un libro del que no habías escuchado hablar en ningún momento antes? Si crees que ha pasado demasiado tiempo desde aquello, te recomiendo volver a hacerlo con éste.
Jerusha Abbot es una pequeña huérfana cuya vida jamás ha ido más allá de las paredes de su escuela y de la vida en el orfelinato. Por un golpe de suerte, a ‘Jerusha’ se le brinda la oportunidad de salir de ese mundo e ir a estudiar a la Universidad con todos los gastos pagados, con dos condiciones: primero, que debe explotar su potencial para convertirse en escritora, cosa que para ella es relativamente sencillo y muy deseable, y finalmente, que cada mes debe escribir una carta detallando sus progresos. Todo esto gracias a un benefactor anónimo que utiliza el seudónimo de John Smith, pero a quien Jerusha prefiere llamar ‘Papaíto Piernas Largas’, haciendo alusión a la única imagen que tiene de él: una sombra distorsionada gracias a la dirección de la luz, con unas enormes extremidades, impresa en la pared.
Esta obra epistolar relata una historia de comienzos tristes, aunque es siempre contada de una manera divertida. Pero, a pesar de ello, es imposible no notar la profundidad que esconde en sus páginas, independientemente de su tono ligero y su poca formalidad. Con humor peculiar y contagioso, la risa es inevitable ante las situaciones y pensamientos más inesperados.
Carta tras carta, notamos una clara evolución de nuestra protagonista. Pasando de ser una pequeña huérfana que no termina de encontrar su lugar en el mundo y siente que no encaja, a una mujer decidida y capaz. Imposible no encariñarse con ella. Aquí Judy, quien prefiere éste seudónimo a su a su original nombre, nos detalla sus andanzas como estudiante, compañera y escritora.
“Empiezo a creer que soy una joven como las demás, y no una huérfana.”
Bien dicen por allí que las mejores historias de amor no están en los libros románticos y éste es el claro ejemplo de ello. Esto no es algo que se espere encontrar aquí y justo por ello es una grata sorpresa, una que se desarrolla lento, suavemente y con una astucia poco usual.
“Nos pertenecemos el uno al otro, sin ninguna duda, no es producto de mi fantasía.”
Con una trama simple pero que engancha, éste es el libro ideal si lo que buscas es algo liviano sin llegar a ser vacuo. Porque cabe desatacar, superficial es el último de los adjetivos con los que se podría describir esta historia. Escrita por Jean Webster, nieta de Mark Twain, Papaíto piernas largas es una obra con claros tintes feministas, poco usuales en su época, más aún en el ámbito literario. Según la poeta Karen Alkalay-Gut, los escritos de Webster, aunque ligeros y ocurrentes, fueron en realidad comentarios subversivos en contra de la sociedad patriarcal y victoriana de principios de 1900, cuando las mujeres aún no tenían en derecho a votar.
En fin, que a mí las palabras no me alcanzan para llegar a describirle.